Jornada de traducción en StoryWeaver: más de 100 libros ilustrados en lenguas indígenas de México

Jornada de traducción en StoryWeaver: más de 100 libros ilustrados en lenguas indígenas de México

Autora: Tajëëw Díaz Robles (BIJC)

Boletín FAHHO Digital No. 6 (Jul-Ago 2021)



Todas las lenguas indígenas están en riesgo de desaparecer. Para algunas el riesgo es muy alto, mientras que las demás deberán crear estrategias que permitan no solo su documentación sino, sobre todo, su transmisión intergeneracional. Esta realidad debe obligar a todas la instituciones, organizaciones y colectivos a plantear actividades enfocadas en las lenguas indígenas, considerando siempre las necesidades de las personas hablantes de estas y articulando esfuerzos con las comunidades, autoridades, colectivos, promotores, educadores, etc. Es importante sumar el mayor número de ánimos posibles para fortalecer los espacios de uso de las lenguas y para crear materiales que sean accesibles en diversas plataformas, así como atractivos para el público al que van dirigidos.

Desde 2019, el proyecto Endless Oaxaca Multilingüe de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca lleva a cabo actividades para fortalecer el uso de las lenguas indígenas del estado en los contenidos del Sistema Operativo Endless, posibilitando que la niñez de comunidades triquis, zapotecas, mixes, chatinas y mixtecas cuenten con una alternativa más para ver su lengua en un soporte electrónico. Una de las herramientas que utilizamos para este fin es StoryWeaver, una plataforma digital que ofrece la posibilidad de crear libros ilustrados digitales de forma sencilla, permitiendo, además, la traducción de los libros existentes a todas las lenguas posibles. Inicialmente su interfaz se encontraba en inglés, pero hoy en día está parcialmente en español, hecho que facilita su uso.

Una de las características importantes de la plataforma es el uso de licencias Creative Commons que permiten el acceso a los libros, su descarga para usarlos fuera de Internet, e incluso imprimirlos para su distribución en forma física. También es posible usar el banco de ilustraciones para crear historias propias. Es fundamental señalar que esta plataforma se desarrolla y promueve desde la India, un país con una gran diversidad lingüística y cultural, por lo tanto, la mayor parte de las ilustraciones contiene elementos culturales de la región; sin embargo, es posible ver reflejadas algunas realidades de los pueblos indígenas de México en muchos de esos libros. Esto último permite utilizar los libros existentes y traducirlas con la certeza de vernos reflejados en esas historias sobre familias, medio ambiente, animales o sentimientos.

Como una forma de aprovechar y difundir las posibilidades de la plataforma, el Proyecto Endless Oaxaca Multilingüe organizó la Primera Jornada de Traducción en StoryWeaver en el marco del Día Internacional del Libro 2021. La Jornada se llevó a cabo de manera virtual del 19 al 23 de abril, participaron más de cien personas en las distintas actividades; se impartieron ocho charlas sobre estrategias de traducción colectiva en la plataforma SW y un conversatorio sobre la importancia de traducir a lenguas indígenas; durante la semana se realizaron más de cien traducciones a más de 15 agrupaciones lingüísticas, 25 variantes en total. Participaron maestras, maestros, promotores lingüísticos, personas con mucha experiencia en traducción y también quienes van comenzando en este quehacer.

Fue evidente que, para la traducción en lenguas indígenas, es fundamental el trabajo colectivo, pues, a diferencia de lenguas no indígenas, se cuenta con pocos recursos. Algunos integrantes de la comunidad de Ayutla Mixe se unieron a la Jornada de Traducción con una metodología particular que consistió en resaltar la traducción colaborativa intergeneracional, plasmando las traducciones en audios para luego transcribir y corregir colectivamente la ortografía.

A dos años y medio de promover el uso de la plataforma ya se cuenta con más de 400 libros ilustrados en lenguas indígenas de México. Esperamos que más personas puedan conocer y utilizar StoryWeaver para crear libros en sus lenguas y que estos encuentren a sus lectores.

Para conocer esta labor de traducción vista: https://storyweaver.org.in

Fondo Documental “Don Benjamín Ladrón de Guevara”

FONDO DOCUMENTAL “DON BENJAMÍN LADRÓN DE GUEVARA”

Autor: Sebastián van Doesburg (UNAM/BIJC)

Boletín FAHHO No. 31 (Jul-Ago 2019)



UNA COLECCIÓN DE PAPELES HISTÓRICOS DE LA CAÑADA DE CUICATLÁN

El lunes 10 de junio, en el marco del Día Internacional de los Archivos celebrado el día anterior, la BIJC recibió en donación una colección de documentos históricos de la Cañada de Cuicatlán, los cuales, una vez restaurados, estarán abiertos a la consulta pública.

Durante el Porfiriato, estos documentos pertenecieron a don Benjamín Ladrón de Guevara, destacado personaje de la Cañada. Don Benjamín (1849-1936) fue jefe político del distrito de Cuicatlán durante el Porfiriato. Como varios intelectuales rurales de su época, era un liberal radical, metodista y masón. Pero aparte de este perfil político y su importante presencia comercial en la Cañada, era también descendiente de una antigua familia de caciques de Cuicatlán y Quiotepec y, como tal, tenía en sus manos los viejos documentos familiares.

Don Benjamín era nieto de María Martina de los Ángeles y Monjarás (1786-1870), la última cacica de Cuicatlán. Fue en su tiempo que alguien de la familia –consciente del fin de los cacicazgos de origen indígena– elaboró una extensa historia familiar, justificando los antiguos derechos señoriales. Este y otros documentos anteriores nos guían de regreso en el tiempo, llegando a la sorprendente conclusión de que el primer ancestro identificable de la familia no era otro que Coatecuhtli (Nai ye en mazateco; Tico en cuicateco), el último gobernante prehispánico de Santiago Quiotepec, cuyo yerno, don Francisco Cortés Tecuhtochtli, recibió a Hernán Cortés a su paso por Quiotepec en los primeros años de la década de 1520.

Estos documentos fueron vistos por primera vez en 1957 por los antropólogos Roberto Weitlaner (1883-1968) y Eva Hunt (1934-1980), cuando la última hija de don Benjamín, llamada Guadalupe, aún vivía en Cuicatlán. Pero después de que doña Guadalupe se mudó a Mexicali junto con su hija, la maestra Celia Hernández Ladrón de Guevara, perdió la pista de los documentos. En 1990, una estudiante holandesa llamada Ilke Schouten logró ubicar a los familiares en Mexicali, quienes permitieron a ella y Sebastián van Doesburg estudiar los documentos. Más de dos décadas después, cuando la maestra Celia había regresado a su natal Cuicatlán, el futuro de la colección comenzó a ser un tema de preocupación, también porque la maestra había decidido quedarse sin hijos.

Finalmente, en coordinación con la señora Judith Camacho Hernández, sobrina de la maestra, se tomó la decisión de dejar los documentos en la Biblioteca Juan de Córdova, para así mantenerlos en Oaxaca y –después de la restauración de las piezas más delicadas– ponerlos a disposición de los investigadores.

Este conjunto documental en algún momento estuvo ligado a dos importantes documentos pictográficos de la Cañada de Cuicatlán: el Mapa de Quiotepec y el Códice Fernández Leal. Sin embargo, en la década de 1890, don Benjamín donó estos documentos a su amigo, el historiador oaxaqueño Manuel Martínez Gracida. El primer documento –ahora resguardado en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia– muestra el momento en que la hija de Coatecuhtli, llamada 2 Muerte, y su esposo, recibieron a Hernán Cortés en su paso por Quiotepec en algún momento de la década de 1520. Al parecer, este documento fue elaborado por el hijo de la pareja, llamado Francisco de Monjarás, para ilustrar su reclamo por unas tierras de riego en el río Cacahuatal. El segundo documento –guardado en la Biblioteca Bancroft en California– trata de una importante epopeya prehispánica sobre la fundación del señorío de Papaloticpac-Tepeucila, y constituye una extraordinaria pieza literaria cuicateca.

En el evento estuvieron presentes la Dra. María Isabel Grañén Porrúa, presidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, los directivos de la BIJC y representantes de la familia Ladrón de Guevara, generosos donantes de este conjunto de documentos. La BIJC agradece especialmente a la familia de la Sra. Judith Camacho Hernández por tomar la iniciativa para esta donación. Mariano Velasco, de la Dirección de Turismo y Cultura de Cuicatlán, invitó a los concurrentes y visitantes de San Pablo a disfrutar de unos deliciosos mangos manila de la tierra de don Benjamín. Durante el evento se presentó la exposición Fondo Don Benjamín Ladrón de Guevara, una colección de papeles históricos de la Cañada de Cuicatlán, que muestra una selección de los documentos junto con reproducciones del Códice Fernández Leal y el Mapa de Quiotepec.

Esta muestra estará en exhibición en el pasillo de la BIJC, hasta el 11 de septiembre de 2019.

Registro de Piedras Labradas en San Pedro Nexicho

REGISTRO DE PIEDRAS LABRADAS EN SAN PEDRO NEXICHO

Autor: Demián Ortíz (BIJC)

Boletín FAHHO No. 32 (Sep-Oct 2019)



En el territorio de San Pedro Nexicho existen vestigios de uno de los más grandes e importantes asentamientos del periodo prehispánico en la Sierra Juárez. Una de las expresiones más evidentes de la relevancia del antiguo señorío zapoteco son las inscripciones y los monumentos en piedra que perduran al paso de los siglos, algunos en su emplazamiento original en cerros o en tumbas, otros reutilizados para decorar el templo católico, y la mayoría exhibidos en el museo comunitario local.

En 2001, el arqueólogo Javier Urcid, experto en iconografía prehispánica oaxaqueña, elaboró un catálogo con dibujos, descripciones e interpretaciones de aproximadamente veinte piedras hasta entonces conocidas. Pero hallazgos posteriores, algunos resultantes de proyectos apoyados por la FAHHO, volvían necesaria una actualización.

En semanas recientes, con apoyo de estudiantes de la licenciatura en gestión cultural de la UABJO, hicimos tomas fotográficas de las piedras con luz artificial rasante (colocada de costado, para resaltar sus grabados) y registramos sus medidas y ubicación, entre otros datos. Enviamos la información al Dr. Urcid, quien elaboró una nueva versión del catálogo en la que ya se integran las más de ochenta piezas hasta ahora conocidas.

El catálogo servirá a los encargados del museo a modo de inventario, pero más importante aún, para comprender mejor las representaciones plasmadas en piedra y sus significados, y compartir esa información con los visitantes. En las piedras y monumentos de Nexicho están representados gobernantes y fechas, animales reales y mitológicos, símbolos y elementos decorativos.

Como parte del proyecto, los estudiantes de la UABJO conocieron y analizaron el sitio arqueológico, el museo y otros lugares del pueblo y sus cercanías. A partir de ello desarrollaron un sitio de Facebook y un tríptico, que servirán al comité de ecoturismo de Nexicho para difundir sus actividades y fomentar la visita.

Aún es mucho lo que falta por conocer, proteger y disfrutar en Nexicho y en la Sierra Juárez, y a esa tarea hemos buscado contribuir con estas actividades.

La FAHHO y su trabajo con las lenguas indígenas en el #IYIL2019

La FAHHO y su trabajo con las lenguas indígenas en el #IYIL2019

Autor: Rasheny Lazcano (BIJC)

Boletín FAHHO No. 34 (Ene-Feb 2020)



En el año 2016, y por sugerencia de Bolivia, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución en la que se proclamó el año 2019 como Año Internacional de las Lenguas Indígenas (IYIL, por sus siglas en inglés). Tal declaratoria era relevante para Oaxaca, el estado con mayor diversidad lingüística de México, en el que conviven quince pueblos o naciones indígenas con sus respectivas lenguas y variantes de ellas. Pero más que celebración, es una llamada de atención, ya que, para todas las lenguas de Oaxaca, el número de hablantes está descendiendo, sobre todo entre la población joven. 

Por su frecuente interacción –a través de sus proyectos culturales– con comunidades donde se habla alguna lengua indígena, varias instituciones de la FAHHO tratan de incorporar la presencia de hablantes de estas lenguas en los proyectos, no sólo durante 2019, sino como una política permanente. Esto no es sólo un reconocimiento de esta diversidad “hacia afuera”: como todas las instituciones de Oaxaca, la FAHHO tiene entre su equipo un buen número de personas que hablan una lengua indígena al lado del español. 

Sirva este pequeño texto para dejar testimonio de los proyectos que durante 2019 involucraron un acercamiento y apoyo a alguna lengua indígena. 

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Andares del Arte Popular es un proyecto de impulso y fomento artesanal a través de la comercialización. En 2019, se generó un proyecto llamado Diversificación de productos y generación de cuentos a partir de la narración oral, en el cual tuvo presencia la lengua zapoteca de San Lucas Quiaviní. Por otro lado, la Coordinación de Arte Popular y Proyectos Productivos impulsó dos proyectos que involucraron gestiones desde encontrar intérpretes que les permitieran colaborar con artesanos monolingües en mixteco y zapoteco, y que implicaron redactar convenios y documentos administrativos en este par de lenguas de la familia otomangue. El primero fue llamado Apoyo a la creación de textiles artesanales del estado de Oaxaca, distrito de Jamiltepec (en colaboración con el FONCA), e involucró artesanos mixtecos de los municipios de Santiago Ixtayutla, San Juan Colorado, Santa María Huazolotitlán y Pinotepa de Don Luis. El otro fue el proyecto Instalación de hornos de leña libres de humo, en colaboración con la Escuela Nacional de Cerámica, en el cual se incluyó el zapoteco de San Marcos Tlapazola. 

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El año pasado, numerosos incendios arrasaron con los bosques y dañaron ecosistemas del territorio oaxaqueño. Por esto, la Coordinación de Medio Ambiente realizó un proyecto nombrado Campaña de prevención de incendios forestales 2019, que se tradujo a siete lenguas oaxaqueñas: chatino de San Juan Quiahije, mazateco de Zoquiapam, mixe de Ayutla, mixteco de Peñoles, triqui de Chicahuaxtla, zapoteco del Istmo y por último zoque de Chimalapas, lengua prima del mixe. 

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El Museo Textil de Oaxaca se ha dedicado a rescatar los saberes tradicionales de producción textil, así como las herramientas indispensables de este quehacer. Durante 2019, el MTO montó tres exposiciones en las que su museografía incluyó textos en la lengua de los artesanos. Primero, la exposición Dixrikoö ndie ndachoo ndie dsua xäde Ngigua – NgibaRecuerdos del telar de los pueblos chocholtecos. Luego, la exposición Ladx duu Pueblo de hilo, en la cual se llevaron a cabo tres rondas de Lotería en lenguas originarias que estuvieron a cargo de artistas textileros provenientes de las comunidades de El Tapanco, Santa María Zacatepec, Santa María Tlahuitoltepec y San Pedro Cajonos en donde se habla tacuate, ayuujk y zapoteco respectivamente. Y por último, la exposición Tukyo’mët Nëxëy – La Camisa de Ayutla. Apuntes sobre vestimenta, identidad y bordados masculinos, la cual tuvo una rica oferta de textos en ayuujk con su respectiva traducción al español. 

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El Taller de Restauración, mediante el Programa de apoyo a la reconstrucción, ha estado ocupado desde septiembre de 2017 en varias regiones de Oaxaca con proyectos de reconstrucción. En la comunidad de Asunción Ixtaltepec, donde se reconstruyó una casa que conservaba el patrón arquitectónico de la casa zapoteca, es decir la Yoo Bido o cubierta de tejavana y muros de ladrillo de barro rojo, se respetó el deseo de los dueños de comunicarse en zapoteco, por lo que se trabajó con un intérprete. 

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En la BS Casa de la Cacica, de San Pedro y San Pablo Teposcolula, se desarrolló Cartas en mixteco para monstruos, proyecto de varios movimientos con niños adquiriendo el mixteco de Teposcolula, que dio como resultado un libro. ¡Los invitamos a saber más de este proyecto dentro de este boletín! 

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Para la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, el proyecto punta de lanza de 2019 fue Filología de Lenguas Otomangues y Vecinas (FILOV), el cual se dedica a la identificación, digitalización y catalogación de documentos escritos en lenguas mesoamericanas, desde el siglo XVI hasta inicios del XIX. Tres archivos institucionales participan: el Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Oaxaca (AHPJEO), con documentos en las lenguas chocholteco, mixteco, nahuatl y zapoteco; el Archivo General de la Nación (AGN), el cual conserva documentos en chontal, matlatzinca, mixteco, nahuatl, otomí, purhépecha y zapoteco; el Archivo General de Estado de Oaxaca (AGEO), en donde se han registrado documentos en nahuatl, mixteco y zapoteco. Acompañan a este proyecto dos seminarios de Filología Mesoamericana organizados con el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Uno llamado Cultura y Lengua Mixteca, con trece asistentes, y otro Cultura y Lengua Zapoteca, con diecisiete participantes. En estos seminarios, hablantes de diferentes comunidades analizan textos coloniales escritos en su lengua. En el ramo de las publicaciones se han traducido, editado, impreso y distribuido dos cuentos de terror japonés, Hoichi el desorejado Mujer de nieve en diversas variantes de las lenguas mixe, zapoteco y ombeayuits; y un cuento de tradición oral tacuate: Kuayu Chi´in Tiote´e´. Estos textos están disponibles impresos y en línea. También se publicó una pequeña historieta que atiende el fenómeno de las caravanas migrantes, Tiempo de ayudar, traducido a nueve lenguas del estado. 

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Para finalizar la lista está el proyecto Endless Oaxaca Multilingüe, que lleva computadoras con contenido pertinente y un sistema operativo abierto y no dependiente del internet a las comunidades de San Andrés Chicahuaxtla, Santa María Ixcatlán, San Juan Quiahije, Santa María Tlahuitoltepec, en donde se habla triqui, ixcateco, chatino y ayuujk respectivamente. 

Así terminamos este recuento de la presencia de las lenguas indígenas en la FAHHO durante el #IYIL2019. Desde la BIJC te invitamos a visitar la página oficial del IYIL, en donde encontrarás muchos materiales informativos y pedagógicos, desde manuales para políticas públicas hasta juegos de lotería. Recuerda que donde quiera que estés, si escuchas a alguien hablar algo que no entiendas y no sabes cómo referirte, te recordamos: todas se llaman lenguas. 

Convenio de donación con el municipio de Santa María Peñoles en lengua mixteca

Convenio de donación con el municipio de Santa María Peñoles en lengua mixteca

Autores: Elodia Ramírez Pérez (BIJC) / Michael Swanton (UNAM/BIJC)

Boletín FAHHO No. 35 (Mar-Abr 2020)



El pasado 28 de noviembre de 2019, el municipio de Santa María Peñoles y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca firmaron un convenio de donación en lengua mixteca como parte del desarrollo del proyecto Endless Oaxaca Multilingüe. 

Hace 17 años, el 13 de marzo de 2003, se publicó la “Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas” (LGDLPI) en el Diario Oficial de la Federación, la cual reconoce en su Artículo 4.° a las lenguas indígenas del país como lenguas nacionales con la misma validez que el español. En la práctica esta meta está lejos de cumplirse, pero la ley es una poderosa herramienta legal que puede apoyar los procesos comunitarios para mantener y cultivar las lenguas de los pueblos indígenas. 

Con este objetivo, Endless Oaxaca Multilingüe, un proyecto de la FAHHO para contribuir a la mejora de la conectividad en comunidades rurales del estado de Oaxaca mediante el uso efectivo del sistema operativo Endless, y la autoridad municipal de Santa María Peñoles acordaron comenzar su colaboración con un convenio de donación en Tnu’u Dau (la variante mixteca del pueblo). Se conformó un equipo de traducción encabezado por tres hablantes del Tnu’u Dau: la maestra Elodia Ramírez Pérez, del área de Educación y Vinculación de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova y los profesores Pedro Ramírez Ramírez y Florencio Pérez López, quienes cuentan con experiencia en el servicio público municipal y en la escritura de su lengua materna. 

Para elaborar el convenio se requerían neologismos en Tnu’u Dau para los términos jurídicos. En un primer momento, se temía que eso podría ser un obstáculo, pero, al contrario, propició un ejercicio que enriqueció el conocimiento de los participantes y ayudó a socializar el contenido del convenio mismo. Como resultado del ejercicio se creó un glosario de propuestas para traducir términos como “donatario”, “convenio”, “legislación vigente”, etcétera. 

Podrán conocer algunas de estas nuevas expresiones en Tnu’u Dau en el apartado de este mismo boletín, como una propuesta que se puede consultar, criticar y mejorar. 

Agradecemos a las autoridades de Santa María Peñoles por su apoyo y orientación. Esperamos que las instituciones gubernamentales y otras organizaciones civiles que trabajan con las comunidades originarias de Oaxaca encuentren algún interés en esta experiencia, para que ellas también consideren apoyar el uso de los idiomas oaxaqueños en sus acuerdos, convenios y contratos. 

Materiales e iniciativas para el estudio de la Sierra Juárez

Materiales e iniciativas para el estudio de la Sierra Juárez

Autor: Demián Ortíz (BIJC)

Boletín FAHHO No. 36 (May-Jun 2020)



La Sierra Juárez se ubica en el centro-norte del estado de Oaxaca, muy próxima a la ciudad capital. Su montañoso territorio, atravesado por el río Grande, se corresponde con los 26 municipios que conforman el distrito de Ixtlán de Juárez. A esta interesante región le dedicamos la más reciente exposición de la BIJC que reúne materiales de nuestro acervo y presenta investigaciones recientes, así como fotografías y documentos históricos.

Se estima que la Sierra Juárez comenzó a poblarse alrededor del año 300 antes de Cristo por zapotecos de los Valles Centrales. La exposición presenta información y publicaciones de uno de los asentamientos prehispánicos más grandes e importantes, ubicado en las actuales poblaciones de Ixtepeji y Nexicho. La muestra exhibe también fotografías y estudios acerca del Lienzo de San Miguel Tiltepec, un ejemplo de los documentos elaborados por las comunidades durante el periodo Virreinal.

Las comunidades y habitantes de la Sierra tuvieron una participación muy importante en las transformaciones políticas y sociales del estado durante el siglo XIX y principios del XX. El ejemplo más claro, pero no el único, es Benito Juárez. Batallones y líderes serranos participaron en las grandes luchas y procesos de la época, acerca de ello también presentamos documentos y publicaciones.

El paisaje de altas montañas y profundas cañadas de la Sierra Juárez aloja diversos ecosistemas y le convierten en una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta, con abundantes recursos naturales. Presentamos un libro sobre plantas medicinales y alimenticias en la Chinantla Alta, un estudio sobre los hongos comestibles de Ixtepeji y una investigación sobre la minería en Natividad.

El distrito de Ixtlán se caracteriza por una importante diversidad lingüística. En tres municipios de su zona norte se habla chinanteco de la zona alta; en su zona oriental se habla el zapoteco variante xidza o del rincón, en Santiago Laxopa se habla zapoteco xhon y en el resto del territorio se habla o se habló el zapoteco lhej o serrano. La BIJC aloja diccionarios, cartillas, materiales educativos y obras traducidas o escritas en estas lenguas y variantes, de las que también presentamos una selección. Las características e historia de la región en su conjunto, o de alguna de las comunidades y municipios que la conforman, son tema de varias monografías que también hemos incluido.

La “cereza del pastel” es un mapa del territorio de Ixtlán de reciente adquisición, elaborado por el ingeniero alemán Enrique Schleyer en 1870. Este enorme documento (mide más de tres metros y medio de largo) consigna, entre otros aspectos interesantes, los nombres en zapoteco de las mojoneras que marcaban en ese entonces los límites del territorio ixtlense. Un recuadro indica que Schleyer fue comisionado por Fidencio Hernández, general serrano que años después apoyaría el ascenso al poder de Porfirio Díaz, levantándose en armas con el Plan de Tuxtepec.

Los materiales reunidos en esta exposición muestran una visión de conjunto de la Sierra Juárez que presentaremos en cuanto pase la contingencia. Posteriormente, regresarán a su lugar en los estantes de la biblioteca y podrán ser consultados por cualquier persona interesada en esta apasionante región.

El exconvento de San Pablo y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova: Sumando historia a la historia

El exconvento de San Pablo y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova: Sumando historia a la historia

Equipo de la BIJC

Boletín FAHHO Digital No. 3 (Ene-Feb 2021)



Detrás de la mole del magnífico teatro que hoy honra al compositor oaxaqueño Macedonio Alcalá se esconde una joya histórica de Oaxaca. Terminados los grandes muros del teatro, de repente se rompe la casi implacable regularidad de la traza hipodámica de la vieja Antequera y un callejón escondido da acceso a un espacio abierto al interior de la manzana. Grandes rejas de varillas de hierro entretejidas al rojo vivo, diseñadas por el maestro Francisco Toledo, recordado hoy por su inmenso amor a Oaxaca, sugieren que estamos entrando a un espacio demarcado y especial. Un piso enladrillado, intercalado con pasto verde, en combinación con los muros de cantera de una antigua iglesia del siglo XVII, hablan de un espacio antiguo, un lugar con mucha historia. De hecho, fue en este lugar donde los dominicos establecieron su primera sede en Oaxaca en el año de 1528. En aquel entonces no fue nada imponente. Testigos en una residencia de pocos años después declararon que había solamente un muro de adobe que rodeaba tres manzanas de la ciudad1 y una sencilla construcción de adobe en su interior, todo levantado por los pueblos originarios que estaban asentados alrededor de la nueva villa española. Esta primera iglesia y casa, con el nombre de Santo Domingo, probablemente ya tenía una capilla abierta con la advocación de San Pablo, reservada para la población indígena de los Valles Centrales.

Pero desde esta humilde fundación, la orden de predicadores proyectó con el paso de los años su dominante presencia por todo el sur de Mesoamérica, tan lejos como San Salvador y Honduras, con la excepción de la península de Yucatán donde predominaron los franciscanos. Ya a mediados del siglo XVI, la orden vio necesario solicitar el permiso a la cuidad de Antequera para hacerse de un nuevo espacio, dos veces mayor al primero, en la orilla norte de la ciudad, para una nueva sede. Desde el temprano siglo XVII, cuando los frailes habitaron esta sede, la primera quedó en la sombra y, en varias ocasiones, en ruinas. Por lo mismo, el mantenimiento y las reconstrucciones necesarias generaron problemas constantes que los frailes resolvieron vendiendo las esquinas del atrio y la mayor parte de la huerta para la construcción de casas; por ejemplo, la que es ahora el Museo Textil de Oaxaca, en cuya principal sala de exhibición aún podemos ver cómo colinda con el muro exterior de la Capilla del Rosario del convento. Debido a este proceder, el convento terminó encerrado al interior de la manzana, con solo unos callejones como accesos. Reconstruido varias veces a raíz de los frecuentes temblores, finalmente fue nacionalizado en 1860 y poco después, junto con el convento de San Agustín, vendido a particulares para crear un fondo con el cual pagar a los profesores del Instituto de Ciencias y Artes del Estado. Es por esta razón que ambos conventos son propiedad particular desde hace más de siglo y medio. En 1862 se abrió la calle de Fiallo, demoliendo una casa al lado del actual Museo Textil, más el ábside y la sacristía de San Pablo, y se cerraron los callejones de acceso, por lo que el antiguo edificio comenzó a desaparecer en la masa construida de la manzana.

Entre 2005 y 2011, en un proceso sumamente complejo que involucró a arqueólogos, historiadores, restauradores, arquitectos e ingenieros, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca recuperó la mayor parte del antiguo complejo, juntando, poco a poco, las distintas propiedades que la constituían. Solo la nave de la iglesia quedó fuera del proyecto, ya que actualmente sigue siendo una casa habitada. Los trabajos arqueológicos cambiaron por completo lo que sabíamos de la historia de Oaxaca anterior a la ocupación mexica. Entierros, cerámica y muros de las fases anteriores, y de los inicios de Monte Albán revelaron que aquí existió, desde hace 2,800 años, un pequeño asentamiento de los ancestros de los actuales zapotecos. Sin embargo, el sitio parece haber sido abandonado en la etapa de Monte Albán I (antes de 100 a.C.).

En 2008 se abrió el Museo Textil de Oaxaca, en la llamada Casa Antelo y, en 2011, se abrió el complejo conventual recuperado, este útlimo como la nueva sede de la Fundación, integrando diversas funciones culturales en sus espacios. Desde el día de su apertura se ha posicionado como un hito cultural y una atracción turística en el centro de Oaxaca, donde propios y extraños buscan un momento de distracción con un café, descubren la historia del antiguo edificio y, con ella, la de la ciudad, se reúnen para enseñar, aprender y reflexionar, o acuden a disfrutar de alguna de las actividades constantes.

El convento y su iglesia no estaban destinados al servicio de la población española, sino a la conversión de la población indígena alrededor de la ciudad. Por lo mismo, en la capilla de San Pablo se predicaba en mixteco, zapoteco y en náhuatl, y desde aquí los dominicos coordinaron sus importantes estudios sobre estas lenguas indígenas de Oaxaca. A la vez, el convento incluyó lo que probablemente fue la primera biblioteca de Oaxaca. Hoy, algunos de los libros de esta biblioteca se conservan y están incorporados al acervo de la Biblioteca Francisco de Burgoa de la UABJO, y se les reconoce por la marca de fuego de San Pablo en su canto.(2) Actualmente, no sabemos dónde estaban precisamente estos libros en el exconvento de San Pablo, pero la historia del antiguo convento y su biblioteca fue una inspiración para crear, en el edificio restaurado, una biblioteca moderna dedicada a la historia cultural y a las lenguas de los pueblos de Oaxaca: la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova de la FAHHO. Este repositorio de información sobre Oaxaca abrió sus puertas en agosto de 2012. En los ocho años de su existencia la biblioteca ha recibido a un poco más de ochenta mil usuarios.

A pesar de su escenario histórico, es una biblioteca del siglo XXI que combina entornos físicos y virtuales. Al ampliarse lo físico con lo digital, la biblioteca se vuelve un repositorio de información que sirve a diversos públicos en Oaxaca y alrededor del mundo. Es un espacio acogedor y multicultural, coordinado por bibliotecarios profesionales y multilingües (hablantes de español, mazateco, mixe, triqui, inglés, entre otros) que ayudan a orientar a los usuarios a encontrar la información que necesitan. En un día normal, los usuarios de la biblioteca pueden ser estudiantes universitarios que necesitan un lugar inspirador en el centro de la ciudad para estudiar, delegaciones de comunidades indígenas que buscan información sobre sus pueblos o investigadores internacionales que trabajan en colecciones especializadas.

La colección de la biblioteca tiene un fuerte enfoque hacia la historia cultural de Mesoamérica y posee importantes acervos de arqueología, historia, lingüística y antropología. Son particularmente notables sus materiales históricos sobre la ciudad y el estado de Oaxaca, sus colecciones de textos en lenguas indígenas de México (especialmente oaxaqueñas) que van desde 1555 hasta la actualidad.

El nombre de la biblioteca evoca el pasado del exconvento como un centro de estudio de las lenguas oaxaqueñas: Fray Juan de Córdova fue autor de una gramática del zapoteco del siglo XVI y de un extraordinario vocabulario de este mismo idioma, se hospedó en este convento cuando llegó por primera vez a Oaxaca y décadas después murió entre sus muros. Las distintas salas de la biblioteca llevan los nombres de otros personajes históricos que visitaron o vivieron en este convento, por ejemplo, el especialista del náhuatl en Oaxaca del siglo XVII, fray Nicolás de Rojas, el gramático del mixteco del siglo XVI, fray Antonio de los Reyes, y Luis de León Romano, el erudito italiano de mediados del siglo XVI que impulsó importantes obras públicas en la ciudad de Oaxaca, y que fue enterrado en la iglesia del convento.

Entre los manuscritos e impresos especiales encontramos las colecciones y fondos históricos sobre Oaxaca, como las de don Luis Castañeda Guzmán y don Luis Fernández del Campo, pero también los archivos de destacados investigadores como John Paddock, Emily Rabin, Irmgard Weitlaner Johnson y Thomas Smith-Stark. Entre los materiales que resguarda la biblioteca podemos encontrar fotografías de pueblos indígenas de mediados del siglo pasado tomadas por Irmgard Weitlaner Johnson, antropóloga pionera en el estudio de textiles; el pasaporte que el joven gobierno mexicano expidió en 1829 a Claudio Linati, el hombre que introdujo la litografía en México, para “voluntariamente” abandonar el país por su visión demasiado crítica. También se conserva uno de los pocos textos —el más bello— redactados en la lengua chiapaneca, hoy extinta; el reglamento de prostitución de Santa María Oaxaca alias El Marquesado, de 1907; un vocabulario de la lengua náhuatl, impreso en 1555 por Juan Pablos, el primer impresor de la Nueva España; el primer folleto del Homenaje Racial de 1932; tres hojas del famoso Códice [de] Yanhuitlán, cuyas otras hojas se conservan en el Archivo General de la Nación y en la Biblioteca José María Lafragua, de Puebla; los planos elaborados por el arquitecto Francisco Tort para la fábrica textil de San Agustín; un voluminoso sermonario de 1614 impreso en náhuatl por Cornelio Adrián César, un huérfano nacido en el sitio español de Haarlem (1574) en los Países Bajos, que ilegalmente llegó a la Nueva España en la flota del nuevo virrey de 1595 y quien se convertiría en el impresor más importante de la Nueva España a finales del siglo XVI y temprano siglo XVII. O una de las colecciones más grandes del mundo de cartillas y materiales de lectoescritura en lenguas indígenas producidos durante el siglo XX.

Siguiendo el clásico perfil de las bibliotecas de investigación, la Juan de Córdova entrelaza la información (sus colecciones) con la investigación y la cultura. Entre sus proyectos de investigación, frecuentemente llevados a cabo en cercana colaboración con comunidades tradicionales, mencionamos el estudio de los dos lienzos de Santa María Zacatepec que derivó en una gran exposición en el Centro Cultural San Pablo (2012) y, posteriormente, en la comunidad misma. La colaboración incluyó una variedad de maneras de difundir los resultados entre la población: la conformación de un grupo de teatro, una visita al Museo Nacional de Antropología y otros eventos en la comunidad.

Con la comunidad triqui de San Andrés Chicahuaxtla se creó una exposición sobre su héroe Hilarión (2014), quien vive en la memoria oral de la comunidad como un hombre legendario que luchó al lado de los triquis en los conflictos de haciendas azucareras.

La biblioteca trabajó durante varios años en el registro de las distintas tradiciones antiguas alrededor del consumo del cacao. Oaxaca es una de las regiones más ricas en este tema, con tradiciones, técnicas y gustos de gran antigüedad, pero esta diversidad de usos y recetas es poco conocida. Y para dar un último ejemplo, en colaboración con comunidades de la Mixteca Baja, se curó una gran exposición sobre el estilo ñuiñe que caracteriza a las inscripciones y ciertos objetos de la época clásica (400- 800 d.C.) de esa región. Esta exposición de 2016 surgió del estudio del legado de John Paddock, quien, en la década de 1960, fue el primero en identificar este particular estilo iconográfico. Las investigaciones de la biblioteca generan conocimientos que son continuamente transformados en exposiciones que viajan por comunidades de todo el estado.

La biblioteca también ha sido coorganizadora de grandes eventos culturales y académicos. Entre 2011 y 2015, en el mes de diciembre, se realizó la Posada del Cacao en la que mujeres y hombres de distintas comunidades viajaban a la ciudad de Oaxaca para compartir sus tradicionales bebidas de cacao con los visitantes. Las posadas incluían una calenda, música, conferencias, exposiciones y una degustación, tuvieron tal éxito, que se rebasaba el aforo del atrio de San Pablo.

En cuatro ocasiones (2012, 2014, 2016 y 2018)3 la biblioteca fue la sede del Coloquio sobre Lenguas Otomangues y Vecinas, un encuentro bianual que reúne a especialistas e interesados en las lenguas habladas en Oaxaca. Este es, por mucho, el evento más importante sobre las lenguas de Oaxaca ya que atrae a especialistas y activistas de la conservación y revitalización de las lenguas.

El COLOV es un evento académico y a la vez cultural. Las conferencias se entremezclan con exposiciones, conciertos y otros eventos en los que las lenguas de Oaxaca son el tema central.4 Es la principal ocasión en que activistas y oaxaqueños interesados pueden conocer e interactuar con investigadores de otras latitudes. La biblioteca ha organizado, junto con la Universidad de Massachusetts-Amherst, el INALI, el CIESAS y la UNAM, una serie de seis talleres para hablantes de lenguas otomangues y oaxaqueñas, tres dedicados al análisis de tono (2012-2014) y tres más dedicados a gramáticas pedagógicas (2015-2017). Estos talleres reunieron a hablantes de estos idiomas con algunos de los principales lingüistas de lenguas tonales y gramáticas pedagógicas del mundo. En 2018 la biblioteca fue coorganizadora de la sesión anual de la Sociedad Americana de Etnohistoria en Oaxaca, la segunda ocasión en que esa sociedad decide hacer su evento anual en México.

Las actividades de la biblioteca también incluyen las publicaciones. Ha participado en la edición de libros especializados y para primeros lectores de lenguas indígenas. También ha incursionado en las publicaciones digitales, de las cuales la más importante es Satnu: repositorio filológico mesoamericano que incluye cientos de textos digitalizados en zapoteco, mixteco, chocholteco y otras lenguas indígenas que se produjeron durante el Virreinato. En este proyecto participan, hasta ahora, el Archivo Histórico Judicial de Oaxaca, el Archivo General del Estado de Oaxaca y el Archivo General de la Nación. Recientemente, en colaboración con la Endless OS Foundation, la biblioteca alberga el proyecto Endless Oaxaca Multilingüe que utiliza el sistema operativo Endless basado en Linnux para ayudar a reducir la brecha digital que, lamentablemente, caracteriza a Oaxaca. Otra colaboración importante de la biblioteca se da con el Centro Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción, A.C. (Cepiadet), asociación de abogados bilingües que defiende los derechos indígenas y lingüísticos. Entre las numerosas actividades conjuntas, destaca la publicación en línea de Ndiya, sitio dedicado a la orientación sobre el pluralismo jurídico y diversidad lingüística.

A la par de las actividades anteriores, la biblioteca busca mejorar el nivel de sus servicios mediante la contratación de personal profesional, la constante capacitación del personal, no solo de la bibiblioteca, sino de las que así lo requieran, además de la construcción de sistemas autónomos de servicios digitales. Para lograr estas funciones, fue cofundadora de la Red de Unidades de Información de Oaxaca (RUIO) en la que participan unas dieciséis bibliotecas, y se ha dedicado a construir —siempre buscando alianzas y sinergias— la plataforma de información digital de la FAHHO, basada en programas de código abierto que permitan la independencia de los sistemas.

Como dato curioso, durante los años de 1834 y 1860, el Instituto de Ciencias y Artes del Estado estuvo ubicado en el convento —todavía propiedad de los dominicos—, por lo que arriba de una de las puertas de la actual biblioteca puede leerse el rótulo “Aula de Derecho”. Sin duda, detrás de esta puerta daba sus clases el licenciado Benito Juárez, en aquellos años catedrático de Derecho Canónigo. En estos espacios se formaron los pensadores liberales que años más tarde implementarían las Leyes de Reforma, dando inicio al Estado laico moderno. El edificio de San Pablo siempre tuvo una vocación educativa y de investigación, aunque obviamente determinada por la particular matriz social en la que funcionaba. Para el siglo XXI, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova retoma este hilo histórico, pero esta vez desde una visión en la que los pueblos y naciones de Oaxaca son reconocidos como los actores históricos que fueron en la conformación de la actual sociedad diversa y contrastante de Oaxaca y de México.

Notas al pie

1 Originalmente, los dominicos tenían tres manzanas, su propiedad llegaba hasta la actual calle de Xicoténcatl. La última manzana, entre Melchor Ocampo y Xicoténcatl, se regresó a la ciudad cuando adquirieron las seis manzanas para su nuevo convento en la década de 1550. Hasta 1862 las dos manzanas restantes quedaron juntas, por lo que la actual calle de Fiallo topaba con una casa que existía al lado de lo que hoy es el Museo Textil de Oaxaca. Frente a la actual Proveedora Escolar había un muro que escondía la parte restante de la huerta del convento, ahora un jardincito público.
2 Esta marca de fuego dio pie al logo del Centro Cultural San Pablo.
3 En estos años la Posada del Cacao recibió un importante apoyo por parte de Chocolate Mayordomo, a cuyos dueños les agradecemos su generosidad.
4 En cada una de sus ediciones, el COLOV ha recibido importantes aportaciones de instituciones como el INALI.

Haciendo memoria, recuperando memoria

Haciendo memoria, recuperando memoria

Autor: Sebastián van Doesburg (UNAM/BIJC).

Boletín FAHHO Digital No. 3 (Ene-Feb 2021)



En su pintura Le Destin (El Destino) de 1896,1 Henry Siddons Mowbray (1858, Alejandría, Egipto – 1928, Washington, Connecticut) nos ofrece una alegoría bastante heterodoxa de nuestras vidas. En un lenguaje visual con referencias estilísticas al renacimiento italiano, a la pintura académica francesa de la época (estudió pintura en París durante varios años), y con un sabor al prerrafaelismo inglés, el pintor crea una misteriosa escena en colores opalescentes y antinaturales. El nombre de la obra vuelve claro que aquí debemos descifrar una metáfora, pero la fuente no es obvia.

A la derecha, una enigmática mujer alada con corona de estrellas,2 algo fantasmal tras un matiz azul, provee los hilos dorados con los que otras dos bordan un tapiz de estilo medieval de caballería. Intuimos la referencia al hilo de nuestra vida creado por las tres Moiras, diosas griegas que rigen el destino humano: hilan, miden e, inevitablemente, cortan dicho hilo. Las tijeras en la mano de la mujer a la izquierda quizá la identifican como la Moira Átropos, pero no queda claro quién, de las otras cuatro mujeres, representa a Cloto, la que hila (y la que inventó el alfabeto griego) y a Láquesis, la que mide el destino. No hay duda, sin embargo, de que el tapiz es donde el hilo del destino borda las escenas de nuestra vida. El pintor nos presenta una metáfora de nuestra vida con referencias incompletas de un mito donde predomina el enigma, por lo que la verdad velada solo podemos intuirla. En ella, el símbolo del tapiz nos explica que los trazos y patrones mayores de nuestra vida solo se manifiestan con el tiempo, al pasar los hilos pacientemente por la urdimbre de nuestras decisiones.

Recurro a esta metáfora para contar los años de trabajo en los diversos proyectos de la fundación de Alfredo Harp Helú y de María Isabel Grañén Porrúa. Después de casi veinte años puedo vislumbrar, ya a la distancia, los diseños que el hilo de mi vida en Oaxaca ha ido tejiendo. En este tiempo pude iniciar y acompañar un número de proyectos culturales muy variados que hoy forman parte de la estructura de la Fundación. Y en cada proyecto me supe acompañado de amigos y colegas que aportaron su visión, conocimiento y sensibilidad.

Desde mi niñez viví el intenso interés de mis padres por la conservación de la ciudad antigua donde nací. Los grandes proyectos de “modernización” de la década de 1970, que causaron enormes daños en la ciudad, y la férrea resistencia de buena parte de la población —entre ella mis padres—, despertaron en mi la consciencia de que la conservación de una ciudad histórica no es solo la protección de edificios, sino también la respetuosa gestión de espacios públicos y claras políticas de movilidad sustentable — sueños aún lejanos en Oaxaca—. Así que —para seguir con las metáforas textiles— uno de los hilos conductores3 de mi trabajo en la Fundación ha sido el de la restauración de edificios y espacios históricos.

En 2001 iniciamos, los arquitectos Enrique Lastra, Benjamín Ibarra Sevilla y yo, la restauración de la Casa de la Cacica de Teposcolula, una construcción ruinosa y abandonada en las orillas del pueblo, pero que constituye lo que aún queda de un extraordinario palacio de seis cuerpos, morada de los descendientes de 8-Venado Garra de Jaguar, y testimonio de la explosión creativa que se dio en medio del drama que fue la colonización de la Mixteca. Este singular palacio, construido por un arquitecto mixteco que estaba buscando un nuevo lenguaje visual que mediara entre los dos mundos, fue parte de la refundación de Teposcolula a partir de 1552. La sala del trono, aposento del discurso tradicional del poder, fue —por lo mismo— construido en el más estricto estilo prehispánico, mientras que en las habitaciones privadas se incluyeron elementos nuevos como una chimenea, ventanas con molduras renacentistas y puertas de medio punto. El trabajo de rescate y restauración, minuciosamente documentado, nos llevó a reconocer plenamente las obras originales de arquitectos mixtecos del siglo XVI por toda la Mixteca Alta y a cuestionar el concepto académico meramente pobre de “tequitqui”. Hoy, este palacio es una pequeña biblioteca infantil.

Casi al mismo tiempo trabajamos en la restauración de la Casa de Visita, en San Miguel Tequixtepec, construida después de 1563, en la que los arquitectos chocholtecos interpretaron el lenguaje arquitectónico de los dominicos de Coixtlahuaca en materiales, técnicas y gustos locales de una estética llamativa y única. Estas casas de visita, construidas por la población local, sirvieron para alojar a los frailes en sus visitas a las comunidades y, para muchos pueblos, eran expresiones de la feroz competencia con las construcciones que se estaban levantando en las cabeceras y, a la vez, signos de cierta independencia política.4

En 2003 la Fundación emprendió la restauración de una bella casona oaxaqueña incrustada en lo que eran los terrenos del Oratorio de San Felipe Neri: la Casa de la Ciudad, espacio donde se contempla el pasado y el futuro de la urbe, y donde la Fundación desarrolló su estilo particular de restauración arquitectónica y urbana.

Hoy, esta línea de restauración ha llegado a la madurez con el trabajo del Taller de Restauración, bajo el liderazgo de Gerardo Virgilio López Nogales. En 2004 inauguré allí la primera exposición con una serie de extraordinarias vistas de la ciudad de Oaxaca que datan de 1875, realizadas por el fotógrafo Teobert Maler, desconocidas hasta entonces por estar mal clasificadas en los archivos del Instituto Iberoamericano de Berlín. En este mismo año, la Casa de la Ciudad fue la sede del Seminario de la Ciudad Histórica Actual, donde hablaron y conversaron grandes arquitectos y urbanistas como Jaime Lerner (Brasil), Joseph Acebillo (España), Mario Canti (Italia), Juan Miguel Hernández León (España), Paolo Ormindo de Azevedo (Brasil), Huig de Neef (Bélgica), Michael Meschik (Austria), Eusebio Leal† (Cuba), Rogelio Salmona† (Colombia), Teodoro González de León† (México) y otros destacados especialistas mexicanos. Tuve el privilegio de dirigir la Casa de la Ciudad hasta el año de 2010.

Desde este espacio se trabajó, de nuevo junto con el arquitecto Enrique Lastra, el rediseño de la Plazuela de la Cruz de Piedra, donde la antigua ciudad de Oaxaca colindaba con el pueblo de Xochimilco del Marquesado, un remanso de paz desde que, en 2009, se cerró al paso de los coches. Hoy en día, el encanto de este rincón de Oaxaca es obvio. Su ejecución por parte del municipio permitió que, en 2015, se conectara esta parte con el Zócalo mediante el proyecto municipal de rediseño de la calle de García Vigil y la parte norte de Macedonio Alcalá.

En 2005 inicié, con el arquitecto Gerardo Virgilio López Nogales, el proyecto de recuperación de San Pablo, el primer convento de Oaxaca, y, a la vez, con el arquitecto Juan José Santibáñez, la restauración/ reconstrucción de la Casa Antelo, un edificio de dos pisos que un rico comerciante había construido en la huerta del convento. En este segundo edificio se inauguró, en 2008, el Museo Textil de Oaxaca, uno de los proyectos favoritos de María Isabel Grañén Porrúa. Por otro lado, redescubir los innumerables secretos y detalles del antiguo monasterio completamente olvidado y absorbido por construcciones posteriores fue una aventura y un desafío sin igual; el diálogo con las propuestas arquitectónicas de Mauricio Rocha Iturbide —quien se incorporó en la segunda fase de la obra— fue una experiencia contemplativa de la cual aprendí mucho. En el proceso se recuperaron —tras los estudios arqueológicos e históricos— casi tres mil años de historia de Oaxaca, cambiando definitivamente nuestro conocimiento del pasado.5 En 2011, la Fundación inauguró aquí sus nuevas oficinas. A mi parecer, esto no fue solamente la restauración de un edificio, sino la creación de un espacio peatonal a cielo abierto al interior de la manzana que sirve como un oasis en el bullicio de la ciudad. De hecho, intuitivamente, diría que el punto central del proyecto no está dentro de los edificios, sino en la pequeña plaza triangular frente a ellos.

En estos años coordiné, con la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH y otros restauradores, la restauración de retablos en Tejupan, San Bartolo Yautepec (todo un desafío, ya que habían sido sobrepintados con pintura oro de Comex), San Juan Bautista Coixtlahuaca (con el World Monuments Fund y el INAH), Suchixtlahuaca, Teotitlán del Valle, Santa María Cuquila, Teotongo, Tataltepec y varias otras comunidades. Fue esta convergencia la que hizo posible adoptar un retablo desechado en la sierra norte para la Capilla del Rosario de San Pablo, donde de nuevo luce.

Sin embargo, estos proyectos no fueron lo que inicialmente me trajo a Oaxaca. Un día, hace muchos años, un egiptólogo, esposo de la maestra de griego y latín de lo que sería el equivalente a la secundaria que cursaba, nos hizo el favor de dar una clase sobre la escritura egipcia. Así que desde que tenía 14 años supe que el estudio de otras escrituras complejas y la filología eran los temas que me interesaban. Llegué a Oaxaca, ya hace más de treinta años, para estudiar su increíble patrimonio documental. Fue por este tema que coincidí con María Isabel Grañén Porrúa, en la Biblioteca Francisco de Burgoa. Habiendo sido formado en las intersecciones de la historia y de la filología, los documentos pictográficos y los documentos escritos del siglo XVI fueron mi entrada a Oaxaca.

Este otro hilo conductor en mi vida profesional lo comparto también con queridos colegas en Oaxaca y México. Y aunque buena parte del trabajo académico en este tema lo he desarrollado en la UNAM, la Fundación ha sido un espacio importante desde el cual he emprendido acciones reales por la conservación de este patrimonio —constantemente amenazado por robo y descuido—, más allá de su uso para la investigación. Se logró parar la venta de documentos robados (por ejemplo, los dos lienzos de Santa Cruz Papalutla); se recuperaron documentos vendidos indebidamente al extranjero (por ejemplo, la Doctrina Christiana en Lengua Chinanteca de Santiago Xoxocotepec, de 1755, ahora en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia); se regresaron otros a Oaxaca para ponerlos a la disposición de los investigadores y de las comunidades de origen (por ejemplo, las tres hojas del Códice Yanhuitlán, el Lienzo de Ayautla —con el entonces Secretario de Cultura Rafael Tovar y Teresa— y el Fragmento Dorenberg); se ayudó a varias comunidades a conservar sus documentos de manera más profesional y segura (por ejemplo, los lienzos de Nativitas y Tulancingo) y se denunció en varios momentos la venta en casas de subasta de documentos robados. Durante años, trabajé todos los sábados en la limpieza del archivo municipal de Teposcolula, como parte del proyecto de rescate de archivos municipales de la Fundación y de ADABI de México.

Como consecuencia de esta línea, en 2012 abrió sus puertas un nuevo proyecto en las recién terminadas instalaciones del Centro Cultural San Pablo: la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC), la cual codirijo al lado del filólogo y lingüista Michael Swanton y en estrecha coordinación con María Isabel Grañén Porrúa. La biblioteca articula servicios y acervos académicos con proyectos culturales, sobre todo los que tienen como propósito promover las herencias culturales de Oaxaca y México. Además de ofrecer servicios bibliotecarios, sus actividades abarcan eventos, exposiciones, cursos, investigación académica y protección del patrimonio cultural. Las exposiciones colaborativas con Santa María Zacatepec sobre la interpretación de sus lienzos (2012), o con Chicahuaxtla, relacionada con la memoria del héroe-bandido Hilarión (2014) fueron experiencias que marcaron el camino para un programa de intercambio de exposiciones con comunidades por todo el estado. Desde sus inicios, la BIJC ha buscado ser una biblioteca del siglo XXI, con personal tanto de formación profesional en bibliotecología, como con arraigo en la realidad lingüísticamente diversa de Oaxaca. Consecuentemente, la BIJC ha intentado indicar el camino hacia la época digital para la Fundación.

Entre los acervos de esta biblioteca destacan colecciones familiares para el estudio de la historia de la ciudad de Oaxaca o de los cacicazgos indígenas de la época virreinal.6 Además, la BIJC incorporó los legados de varios investigadores sobre temas de la historia cultural y lingüística de Oaxaca, algunas por compra y otras por donación.7 Finalmente, incluye una de las colecciones más extensas a nivel nacional de impresos y manuscritos en lenguas indígenas de México, cuyas fechas van de 1555 hasta la actualidad.

En relación con este último tema, uno de los proyectos principales y favoritos de la BIJC ha sido la creación del repositorio digital interinstitucional dedicado a la documentación virreinal escrita en lenguas indígenas de México (satnu.mx). Las exitosas tradiciones de escritura en varias lenguas durante la época colonial son un hecho poco conocido. El sitio fue creado con el objetivo de difundir su existencia y estimular su estudio. Allí se pueden encontrar cientos de textos virreinales escritos en mixteco, zapoteco, chocholteco, chontal y náhuatl de Oaxaca, purhépecha y náhuatl de Michoacán, otomí y matlatzinca. En 2019 se formalizaron con la UNAM dos seminarios con grupos de hablantes de mixteco y zapoteco para trabajar en la lectura, comprensión y traducción de los antiguos textos.

A lo largo de los años, miles de personas han encontrado en estos espacios y sus proyectos la información, el respaldo o la inspiración para hacer a su vez numerosos proyectos, desde la profesionalización individual hasta el impulso de proyectos comunitarios.

Y al ver ahora a la distancia las figuras que fui tejiendo, entiendo que todo esto tiene que ver con mi propia manera de descubrir lo único que es Oaxaca. Su increíble diversidad biológica y cultural, su singular historia de fuertes culturas y comunidades indígenas con profundas raíces bien ancladas en una manera extraordinaria de entender el mundo, regadas en las sierras alrededor de una ciudad española hegemónica, que convive con ellas pero nunca las quiso. He tenido singulares experiencias para conocer la cultura mesoamericana en sus expresiones vivas y confieso que no siempre fui plenamente consciente del privilegio que se me brindaba. Después entendí que “cultura” no es más que una forma socializada, funcional e histórica de tejer los hilos de la vida, de crear sentido y dar significado a la existencia humana. Entendí que la mesoamericana es una de aquellas grandes culturas —o significadores— del mundo, pero —por la situación colonial— también una de las menos entendidas, por lo que su relación con el mundo no-indígena ha sido enormemente compleja a lo largo de cinco siglos, dejando en el camino, quizás por esto, miles de textos y documentos que sutilmente enlazan las palabras de hoy con el mundo del pasado y revelan la larga trayectoria de conocimientos, técnicas y formas de vivir. Creo que siempre fue este viaje de descubrimiento personal el que quise compartir y explicar a través de los proyectos iniciados en la Fundación.

En la pintura de Henry Siddons Mowbray el tiempo fluye de derecha, donde surge la fuerza cósmica y los hilos de la vida, a izquierda, donde la Moira Átropos gira su mirada hacia una bola de cristal mientras mantiene su mano con tijeras en el tapiz. Ya está la figura del tapiz bordada, pero solo ella puede saber cómo y hasta dónde se puede seguir metiendo la trama entre los hilos de la urdimbre.

Misterios arqueológicos que se resuelven en los archivos

Misterios arqueológicos que se resuelven en los archivos

Autor: Demián Ortiz (BIJC).

Boletín FAHHO Digital No. 5 (May-Jun 2021)



Las indagaciones arqueológicas desarrolladas hace décadas, o siglos, aún pueden ser de utilidad para investigaciones y proyectos del presente. Así, los objetos y documentos resguardados en archivos, bibliotecas y colecciones pueden complementar o enriquecer el trabajo sobre terreno.

Desde 2016, la BIJC realiza un proyecto sobre el estilo ñuiñe, tradición estética que se desarrolló en la Mixteca Baja entre 400 y 800 después de Cristo. Hemos generado exposiciones, conferencias, publicaciones, investigación, registros audiovisuales y actividades de educación patrimonial con comunidades del área donde se desarrolló el estilo ñuiñe. Para todo ello han sido importantes desde los primeros registros conocidos (de principios del siglo XIX) hasta las más recientes investigaciones sobre lo ñuiñe, incluyendo, por supuesto, la labor de quien logró identificar y caracterizar esa tradición arqueológica: el Dr. John Paddock, cuyos archivos resguardamos en la BIJC para su consulta pública.

Gracias a la información documental cotejada con visitas de campo, en varios casos logramos identificar la ubicación de piedras labradas y hasta de un sitio arqueológico ñuiñe. Pero quedaba un pequeño misterio que ni recorriendo la región habíamos logrado resolver, hasta que, desde los archivos mismos, vino la solución, como se verá a continuación.

El Fondo Paddock incluye miles de fotografías derivadas de sus investigaciones y proyectos. Algunas son fácilmente identificables porque fueron publicadas o tienen alguna nota añadida, pero otras no. Y entre estas últimas se encontraba un conjunto de imágenes en las que aparecen piedras labradas, paisajes arqueológicos y piezas de cerámica del estilo ñuiñe que parecían estar situadas en la región de San Pedro y San Pablo Tequixtepec (al norte de Huajuapan). Esos negativos y hojas de contacto solo indicaban dos nombres: “P. Schmidt y V. Bourjaily”. Nada más.

En 2017 visitamos Tequixtepec y algunas de sus agencias. Platicamos con autoridades y ciudadanos, nos desplazamos a pueblos y parajes y logramos corroborar que algunas fotos habían sido tomadas en esa región. Pero otras, por más que intentamos, no las logramos ubicar. Entre ellas se encontraba la de una piedra labrada con glifos y numerales que resultaba nueva para el conjunto conocido de la escritura ñuiñe. ¿Dónde había sido tomada esa foto?, ¿dónde estaba la piedra?, ¿aún existía? No lográbamos saberlo. A principios de 2021, como parte de los procesos internos que estamos realizando en la BIJC, localicé en el archivo documental de Paddock un cuantioso conjunto de tarjetas de cartón con información escrita a mano. Se trata de lo que Paddock llamaba photo cards: fichas que consignan la fecha, lugar, autor y otros datos de buena parte de sus registros fotográficos.

Poco a poco fui entendiendo la forma en que Paddock había concebido vincular su archivo fotográfico con esas fichas a través de códigos numéricos de referencia. Obviamente, una de las primeras pruebas que hice para ver cómo funcionaba su sistema, y qué tipo de información se podía obtener, consistió en ubicar y revisar las photo cards correspondientes a aquellas fotografías que en 2017 no había logrado identificar. Y ahí estaban: cerca de 20 fichas que me permitieron conocer no solo las fechas y lugares de esos registros, sino su contexto más amplio. Así pude saber que esas fotos fueron el resultado de un viaje de registro que Paddock emprendió en abril de 1964 con sus alumnos de posgrado Vance Bourjaily, Paul Schmidt y Emily Rabin.

En ese viaje conocieron de primera mano las investigaciones sobre el origen de la agricultura que Richard McNeish estaba llevando a cabo en el valle de Tehuacán, y registraron varios sitios arqueológicos en la Mixteca Baja y en la región de la Cañada. Las fichas contienen la información de lugar, fecha y autor de las imágenes, así como datos importantes sobre aquello que aparece en ellas. De esa forma pude saber, por fin, dónde se encontraba ubicada aquella piedra ñuiñe que tanto me había intrigado, y no solo eso, sino que comprendí el contexto en que habían sido tomadas las fotografías e incluso me permitió ubicar otros documentos relacionados, pues localicé intercambios epistolares que se referían a ese viaje y a los distintos proyectos que estaba coordinando Paddock, entre ellos, la edición de su obra cumbre Ancient Oaxaca.

Las photo cards no solo permitieron resolver esos pequeños misterios, pues contienen información que será de interés y utilidad para los más diversos proyectos culturales, académicos y de investigación en los que los registros y documentos de Paddock puedan tener una función relevante. Cada uno tendrá que seguir las pistas y encontrar sus respuestas, por lo pronto, un conjunto clave de información resultó estar ahí mismo, a la mano: en los archivos. Solo había que perseverar en la búsqueda.

 

 

 

San Pablo: 10 años, 25 siglos y una exposición en camino

San Pablo: 10 años, 25 siglos y una exposición en camino

Autor: Demián Ortiz (BIJC).

Boletín FAHHO Digital No. 9 (Nov 2021)



 

Este mes se cumplen diez años de que el antiguo convento de San Pablo abriera sus puertas al público transformado en un lugar de encuentro con el conocimiento, la cultura y el arte. Ha sido un periodo tan lleno de vivencias y actividades, que resulta abrumador considerar que se trata tan solo del más breve y reciente capítulo de una historia colmada de sucesos y cambios.

¿Cómo podemos saber acerca de lo que sucedió en este lugar con el paso de los siglos? ¿Quiénes estuvieron aquí antes que nosotros? ¿Qué tan antigua es esa historia?

Cabe recordar que hacia el año 2005 el edificio del exconvento se hallaba oculto, fraccionado e irreconocible detrás de fachadas añadidas, arcos tapiados y muros sobrepuestos. Solo algunas personas informadas sabían que en esa zona del centro había estado el primer convento de Oaxaca, pero los detalles que se conocían de esa historia eran vagos e inconexos.

Durante los siguientes seis años, a la par que se llevaba a cabo la restauración, se desarrolló una amplia investigación con el objetivo de conocer la historia y características del edificio. El historiador Sebastián van Doesburg, al frente de un numeroso grupo de profesionistas, localizaba e interpretaba documentos y testimonios, mientras el arquitecto Gerardo Virgilio analizaba las evidencias que presentaban los muros y cimientos que se iban liberando, así como las escasas representaciones del convento en planos de la ciudad. Un tercer equipo se afanaba en el subsuelo: arqueólogos y antropólogos físicos —especialistas en reconstruir el pasado a partir de sus evidencias materiales— localizaron antiguos pisos, cimientos y tuberías; también hallaron una gran diversidad de objetos que, por azares del destino (o por voluntad de sus poseedores), quedaron enterrados, así como restos óseos de personas y animales.

Toda la información recabada, y su posterior análisis, resultó fundamental para orientar las decisiones y soluciones del proyecto de restauración. Además, permitió conocer muchos detalles acerca del lugar que ocupó San Pablo en la historia del Valle de Oaxaca, primero como sede de los dominicos y parroquia de los pueblos nahuas, mixtecos y zapotecos de los alrededores de Antequera y, posteriormente, como sede del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca.

Se pensaba que las excavaciones arqueológicas revelarían testimonios acerca del establecimiento del convento. Si acaso, que se encontrarían vestigios relacionados con el pueblo de Huaxyacac establecido por los mexicas en el siglo XV. Pero lo que nadie imaginó fue lo que sucedió: se localizaron cimientos de piedra, entierros y ofrendas de cerámica que datan del año 500 antes de Cristo, la misma época en que Monte Albán estaba siendo fundada en lo alto de un cerro.

Así, las investigaciones que se realizaron en torno a la restauración de San Pablo vinieron a enriquecer e incluso a cambiar la historia conocida del centro de Oaxaca. Pero, además, permitieron recuperar una gran cantidad de objetos en los que esa historia se vuelve tangible. Esas piezas se estuvieron limpiando, restaurando e inventariando, mientras San Pablo iniciaba su nueva vida como espacio cultural. Luego permanecieron resguardadas hasta que, recientemente, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova inició gestiones ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia para recibirlas en préstamo y generar una exposición que permitiera compartirlas con el público.

Estos meses en que la emergencia sanitaria ha obligado a un cambio de actividades, nos han permitido disponer del tiempo suficiente para reunir y analizar nuevamente toda la información y los registros, para luego diseñar y producir un proyecto expositivo en el que estaremos compartiendo una selección de las piezas recuperadas junto con algunas fotografías e información que las contextualice.

Los objetos de cerámica, que datan del 500 al 300 a.C., resultan piezas muy bellas que nos remiten a las prácticas funerarias, a los paisajes y a las formas de subsistencia de esa época. Además, se vinculan a un replanteamiento acerca del rol que tuvieron las comunidades del centro del Valle de Oaxaca en la fundación de Monte Albán y en los primeros siglos de su desarrollo.

El siguiente periodo con evidencias es el Posclásico Tardío, cuando el centro de poder zapoteco en el Valle se había trasladado a Zaachila y había asentamientos mixtecos y mexicas en la zona. Los pocos objetos recuperados nos permiten especular que el área donde se asienta San Pablo era en esa época, posiblemente, una zona poco poblada, quizá un área de cultivos del muy cercano pueblo de Huaxyacac.

Vinculados al siglo XVI y a la fundación del convento dominico se encontraron objetos de cerámica, figurillas y monedas que nos hablan de una época de contacto, mezcla y sustitución entre la cultura material de los recién llegados europeos y la de los pueblos que vivían en el Valle. En cambio, las piezas localizadas correspondientes a los siguientes dos siglos remiten por completo a la vida conventual y a los inmuebles que poseían los dominicos.

Del siglo XIX tenemos un interesante conjunto de objetos que refieren a una ciudad de Oaxaca con un rol protagónico en la vida política nacional y vinculada comercialmente con el mundo. Estos objetos son un vínculo tangible y entrañable con la historia. En particular, podemos observar los procesos diversos, importantes y antiguos que ha vivido el área del actual centro de la ciudad. La exposición se colocará en el interior de la biblioteca, en donde tenemos libros y documentos que son el complemento ideal para construir un conocimiento sobre el tiempo pasado y el presente de las culturas que han conformado al Valle de Oaxaca.

Tan pronto abramos nuestras puertas nuevamente al público, les estaremos informando para que, con las medidas de seguridad adecuadas, puedan disfrutar de tan magnífica exposición que preparamos para ustedes.