Entrevista a Otto Zwartjes (Primera parte)

Entrevista a Otto Zwartjes (Primera parte)

Autor: Rasheny Lazcano (BIJC)

Boletín FAHHO No. 19 (Jul-Ago 2017)



La primera mitad del mes de marzo, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova tuvo el honor de recibir la visita de Otto Zwartjes, investigador de la Universidad de Ámsterdam, especialista en Historiografía Lingüística, Lingüística Misionera, entre otras muchas ramas del estudio de la historia de la descripción lingüística. El Dr. Zwartjes vino a impartir dos conferencias a Oaxaca: la primera, en San Pablo, dedicada a los libros de Fray Juan de Córdova: Vocabulario de la lengua zapoteca y El arte de la lengua zapoteca, ambos publicados en 1578. La segunda plática fue en Santa María Tlahuitoltepec y estuvo centrada en el trabajo de Fray Agustín de Quintana, quien publicó, además de Arte de la lengua mixe, un confesionario bilingüe titulado Confesionario en lengua mixe que incluye una “Construcción de las oraciones de la doctrina christiana” y un “Compendio de voces mixes, para enseñarse a pronunciar la dicha Lengua”, en 1733.

En esta entrevista quisimos abordar las preguntas que resaltaron en las distintas actividades que tuvo y que nos explicara un poco más acerca de su conocimiento de los misioneros que estuvieron en Oaxaca trabajando las lenguas zapoteco y mixe.

Rasheny Lazcano: ¿Cuál fue tu camino para llegar al estudio de los documentos de los misioneros alrededor del mundo?

Otto Zwartjes: Estoy interesado en lenguas, sus variedades, sus tipologías. Empecé mis estudios con las lenguas clásicas, luego extendí el horizonte con el estudio del árabe. Al-Ándalus es un período interesante de la península ibérica, y me dediqué a la poesía árabe medieval. El tema de mi tesis de doctorado fueron las jarchas, las canciones de amor bilingües árabe coloquial-romance andalusí. Para eso tuve que profundizar en temas de sociolingüística y dialectología, la historia de la lengua árabe. Para ampliar los conocimientos, fui a estudiar la primera obra misionera impresa, la de Pedro de Alcalá, quien compuso un arte y diccionario del árabe peninsular (1505). En mi proyecto de post-doctorado, quería concentrarme en esta fuente misionera, y para poder contextualizarlo mejor empecé a buscar otras fuentes, las primeras gramáticas misioneras del náhuatl, quechua, chibcha. Cuando empecé a ampliar el horizonte me atrajo mucho el tema, no sólo por la gran cantidad, sino sobre todo por la gran calidad y cuidado de estas obras.

RL: ¿Cuál es la diferencia entre filología indomexicana o indoamericana, historiografía lingüística y lingüística misionera?

OZ: No hay diferencias en el nivel de “objeto de estudio”. La disciplina más amplia es la Historiografía Lingüística, y la lingüística misionera, o la lingüística (aplicada) de los misioneros es una subdisciplina de la primera, y luego podemos dividir las tareas según distintas regiones: la filipina, china, amerindia, andina o mesoamericana.

RL: ¿Cómo describirías el avance del estudio de los documentos coloniales en México? ¿Qué hace falta?

OZ: Ya en el siglo XIX contamos con famosos estudiosos, como Belmar, Pimentel y muchos otros. La lengua náhuatl, las lenguas mayas y no pocas otras se han estudiado relativamente bien. Sin embargo, faltan también buenas ediciones críticas, anotadas, modernas de no pocas obras. Por eso, con mi colega José Antonio Flores Farfán (CIESAS, Tlalpan) hemos decidido editar y analizar la obra de una gramática del náhuatl menos conocida, el Arte de el idioma mexicana del agustino Manuel Pérez (1713), que tiene muchos aspectos atractivos, creativos, diferentes de las obras de sus antecesores. Su obra, sobre todo el Farol y el Cathecismo Romano, casi no se han estudiado bien todavía. Además, hay un gran número de obras de lenguas de menor difusión, como la lengua mixe, por ejemplo. No existen buenas ediciones ni monografías sobre la obra del dominico Augustín de Quintana. La primera tarea es la digitalización para la diseminación de estas obras. Puedo decir que ya existen muy buenas iniciativas, proyectos realizados y, en este sentido, avanzamos mucho. Lo que falta todavía es el estudio profundo de estos textos en la historiografía misionero-colonial. Ya se ha establecido esta disciplina, pero hay todavía mucho que hacer.

RL: ¿Por qué las obras misioneras no siempre fueron de interés para la lingüística moderna?

OZ: No les gusta nada el modelo grecolatino, un modelo que no se había desarrollado para la descripción de lenguas amerindias. La actitud de algunos estudiosos era negativa porque querían ver los defectos y no los logros. Yo no quiero negar que abundan “defectos”, tampoco quiero exagerar demasiado sus logros. Hay que estudiar estas fuentes en su contexto. Muchos lingüistas modernos menosprecian el empleo acrítico de una terminología latina por los misioneros y no tienen la “actitud de un filólogo”, quien normalmente quiere interpretar los términos en su contexto. Para algunos lingüistas modernos no tiene sentido aplicar el sistema de los “casos” latinos para lenguas que carecen de las declinaciones y el sistema nominal de casos. Sin embargo, cuando releemos estos textos, usan términos como “nominativo, genitivo”, etcétera, para otras realidades. Los misioneros sabían perfectamente que muchas de estas lenguas carecían de casos, pero en sus gramáticas el término “nominativo” fue extendido, dándole significados como “primer elemento de la oración” que también puede ser un adverbio, como en “mañana voy a México”. Según no pocos misioneros, “mañana” es el nominativo. De esta manera, también quiere tener el significado de “elemento topicalizado de la oración”. Esto lo han visto bien los misioneros, sobre todo de las filipinas de tradición hispánica. Además hay lingüistas modernos que son ignorantes. No saben de qué están hablando porque no han visto nunca estos textos. Es verdad, todos siguen el modelo latino, pero casi todas las gramáticas son tan diferentes entre sí que no podemos hacer tales generalizaciones. Al lado de todos los paradigmas “tradicionales”, basados en el sistema grecolatino, se encuentran, se intercalan, se agregan en los apéndices las “observaciones”, “notas”, “notables”, “excepciones”, “modos de hablar”, que nada tienen que ver con los modelos latinos. Son obras originales, novedosas, de pioneros que no sólo querían transmitir la religión, sino también, aunque no todos en el mismo grado, se hallaban interesados en los rasgos idiosincráticos de estas lenguas tan fascinantes.

RL: Tanto Quintana como Córdova fueron impresos en México, ¿crees que se hayan basado en manuscritos preexistentes o que hayan construido sus textos a partir de registros orales?

OZ: Sabemos que circulaban manuscritos antes de publicarse las obras de Córdova, pero son manuscritos perdidos. Quintana documentó la lengua mixe con la intervención de “Los naturales de la nación mixe”. Lo dice explícitamente en sus obras. Su modelo dista de ser uniforme, nada que ver tiene con el sistema tradicional nebrisense; es creativo, original y muy novedoso. Una joya de la lingüística misionera.

Entrevista a Otto Zwartjes (Segunda parte)

Entrevista a Otto Zwartjes (Segunda parte)

Entrevista a Otto Zwartjes (Segunda parte)

Autor: Rasheny Lazcano (BIJC)

Boletín FAHHO No. 19 (Jul-Ago 2017)



La primera parte de la entrevista puedes encontrarla en el Boletín núm. 18

RL: ¿Cuál dirías que fue la participación de los hablantes en la realización de estos documentos?

OZ: Depende de la obra. Hay obras para el uso en los seminarios, en los colegios de las distintas órdenes religiosas, y otras para la enseñanza en la Real Universidad de México (Galdo Guzmán Manuel Pérez). Manuel Pérez aprendió la lengua primero “en su celda” con la obra de su antecesor Vetancurt en la mano, pero luego se fue a Chiautla para aprender la lengua (la variedad de Tierra Caliente) de sus “maestros”, es decir, los hablantes nativos.

Algunos trabajaban solos, mientras que en otros casos estudiaban, hicieron trabajo de campo, documentaron, describieron la lengua en grupos, con la colaboración de hablantes indígenas, como en el caso del Colegio de Tlatelolco. Como se ve, la infraestructura en la Ciudad de México nada que ver tiene con otros contextos como el de Juquila, donde aprendió Quintana el mixe. Además, hay misioneros que escribieron gramáticas, mientras que nunca estuvieron en la región para aprender la lengua. Un buen ejemplo es el franciscano Melchor Oyanguren de Santa Inés, de origen vasco, quien escribió dos gramáticas de tres lenguas, la tagala, la mandarina y el japonés. Trabajó muchos años en Manila, pero nunca estuvo en Japón ni en China. Lo más sorprendente es que estas obras se publicaron en México (1738 y 1742). El fraile también estuvo muchos años en San Agustín de las Cuevas, en Tlalpan.

RL: ¿Cuál era el objetivo de las artes y vocabularios que se hicieron en Oaxaca?

OZ: No difiere mucho con los objetivos de otras obras de la época: estudiar y documentar la lengua, compilar textos y el léxico, con las reglas gramaticales, para la enseñanza y aprendizaje de recién llegados para que pudieran predicar, evangelizar, educar, dar la confesión, etcétera.

RL: ¿Cómo crees que trabajaban las órdenes religiosas en la época Colonial de México?

OZ: Hay diferencias notables entre las distintas órdenes, pero no siempre acumularon tales diferencias en la macro-estructura de las obras, como ocurrió en China. Allí tenemos las obras de los jesuitas, que querían aprender y enseñar la variedad de la élite, la variedad prestigiosa. La idea era que si podían convertir a la élite, a los gobernantes, el cristianismo iría desde arriba hacia abajo. Los dominicos, como los españoles Francisco Díaz y Francisco Varo (siglo XVII), pioneros de la lexicografía y gramatología sino-hispánicas, prefirieron empezar con la base, con la gente común. En el título del diccionario de Varo, encontramos el término lengua sin elegancia que se refiere a la variedad coloquial. La evangelización se impuso desde abajo. Encontramos exactamente lo mismo en la primera obra misionera de Pedro de Alcalá. Este fraile de la orden de San Jerónimo decidió no describir la lengua prestigiosa de los “sabios alfaquíes”, sino sólo la lengua común, la variedad coloquial, como la hablaba la gente.

En México encontramos también observaciones sobre la lengua de la corte, la lengua “pulida”, que se distingue de la variedad “tosca, vulgar”. En la región de Oaxaca encontramos muchos ejemplos de los dominicos, la obra de los Reyes sobre el mixteco es un buen ejemplo, la variedad que describe es la de Tepozcolula, la que tenía más prestigio por la antigüedad, y la que fue la más general.

RL: ¿Qué me puedes decir de tu visita a la cuidad de Oaxaca, a la Biblioteca Burgoa y la Biblioteca Juan de Córdova?

OZ: Para mí ha sido un gran descubrimiento. Ha sido una visita inolvidable gracias a todos los esfuerzos y la amable acogida de Michael Swanton, Sebastián van Doesburg, Penélope Orozco, el alcalde de Tlahuitoltepec, y desde luego, gracias a ti, Rasheny, y a Zaira.

RL: Háblanos un poco de tu experiencia al dictar una conferencia en Tlahuitoltepec.

OZ: Para mí ha sido una experiencia magnífica. A menudo existe una distancia entre los círculos académicos y la gente. Es nuestra responsabilidad contribuir en la diseminación de nuestros conocimientos. Había alrededor de setenta personas muy interesadas en el público, con excelentes preguntas. Creo que les ha gustado constatar que existen fuentes impresas de su lengua. Discutimos algunos fragmentos y concluimos que la variedad de Juquila de Quintana es diferente, pero sí era divertido y fascinante ver que entendieron el contenido perfectamente. Desde luego había interesados en el público que sí conocen muy bien la obra de Quintana, pero también he visto que para muchos era una novedad. Esto me da mucha satisfacción, sabiendo que en mis cursos universitarios en Holanda normalmente no hay tiempo para tratar estos temas, y tengo muy pocos estudiantes. En los cursos que estoy impartiendo en la FES Acatlán, y en Tlahuitoltepec, hay muchos interesados, y me encanta poder contribuir en este proceso de diseminación de las fuentes coloniales de lenguas indígenas tan fascinantes

Descubriendo lenguas mesoamericanas en el baúl de documentos del AGEO

Descubriendo lenguas mesoamericanas en el baúl de documentos del AGEO

Autoras: Marcela Rivera (BIJC) / Tania Bautista (AGEO)

Boletín FAHHO Digital No. 10 (Dic 2021)



En octubre de 2018 se inició la descripción y catalogación de documentos elaborados por instituciones virreinales, públicas y privadas, que se encuentran resguardados en el Archivo Histórico del Estado de Oaxaca. Al comenzar estas actividades ya existían catálogos emitidos por el Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado de Oaxaca (AGEPEO), antecedente inmediato del Archivo General del Estado de Oaxaca (AGEO), al cual pertenece la Dirección del Archivo Histórico.

Sin embargo, al cotejar los expedientes con los catálogos fueron notorias las inconsistencias, esto debido a que los documentos no fueron organizados con criterios archivísticos. Una de las inconsistencias más destacadas fue la separación de expedientes en diferentes fondos, lo que obligó a corroborar si los documentos que se iban describiendo y catalogando eran parte de expedientes incompletos. De esta forma se identificaron y localizaron 1300 documentos, de casi 5000 que habían sido catalogados, que se encontraban separados de su expediente original.

Cuando comenzó la elaboración de los nuevos catálogos en el AGEO, aún no se habían establecido criterios descriptivos. Sin embargo, el contacto cotidiano entre el personal responsable de la catalogación y los expedientes les permitió identificar atributos fundamentales, como la data crónica y tópica, el tipo de proceso administrativo y a las autoridades responsables de su gestión, así como elementos poco comunes que requerían ser registrados, entre ellos mapas, ilustraciones, Reales Provisiones, sellos de órdenes religiosas y documentos en lenguas de origen mesoamericano, específicamente de la familia otomangue.

Los documentos escritos en zapoteco, mixteco y náhuatl que se conservan en el Archivo Histórico del Estado de Oaxaca son —en su mayoría— testamentos y escrituras de venta, o donación de tierras, que fueron presentados como pruebas en juicios posesorios de los siglos XVII y XVIII. La separación archivística de estos documentos, basada en los cinco cuadros clasificatorios (Gobierno, Hacienda, Justicia, Milicia y Registro Civil) utilizados en el archivo histórico, los coloca dentro del Fondo Justicia, Sección Civil, Serie Propiedad y Posesión.

En menor medida, los documentos escritos en lenguas mesoamericanas fueron utilizados en otro tipo de procesos, gestionados por los mismos hablantes. Entre ellos se encuentra un expediente formado para la rescisión de un contrato de venta de una casa y solar, la solicitud de Gonzalo Contoy, cacique de Cacalotepec, para que se le autorizara vender unas tierras; una querella entre los pueblos de San Miguel Metepec y Santa María Ocotepec por el pago de una deuda, y un expediente de composición de tierras de Santa María Coixtepec. Estos expedientes forman parte del Fondo Gobierno, Sección Tierras y del Fondo Justicia, Sección Civil.

Un documento excepcional, escrito en una lengua mesoamericana, podría ser un cuadernillo de doctrina cristiana. Gracias a la orientación del Dr. Michel Oudijk fue posible determinar que la lengua del documento es el zapoteco. Aunque no está fechado ni ubicado espacialmente, y tampoco contiene evidencia que permita identificar a su autor, por el formato de su escritura es posible afirmar que su elaboración corrió a cargo de un religioso. De aquí que su clasificación sea la siguiente: Fondo Gobierno, Sección Secretaría del Despacho, Serie Asuntos religiosos, Subserie Órdenes religiosas.

Es importante mencionar que la identificación de las lenguas mesoamericanas en las que se encuentran los documentos conservados en el Archivo Histórico de Oaxaca —a excepción de la cartilla mencionada— se realizó atendiendo a lo que indican los mismos expedientes, en los que se manifiesta la lengua en que están escritas las pruebas presentadas, ya fuera por parte del intérprete, la autoridad responsable, o por los mismos tramitantes.

En el año 2020, este trabajo de identificación y descripción realizado por el AGEO facilitó el trabajo colaborativo entre esta institución y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, para que en el marco del proyecto Filología de las Lenguas Otomangues y Vecinas (FILOV) se identificaran 51 textos escritos en zapoteco, mixteco y náhuatl, que fueron digitalizados y catalogados para formar parte de un repositorio filológico mesoamericano (proyecto digital desarrollado por la BIJC y el Instituto de Investigaciones Filológicas-UNAM) con el objetivo de poner a disposición del público textos virreinales escritos en lenguas mesoamericanas.

La Reunión Anual de la Sociedad Americana para la Etnohistórica 2018 en Oaxaca

LA REUNIÓN ANUAL DE LA SOCIEDAD AMERICANA PARA LA ETNOHISTORIA 2018 EN OAXACA

Autora: Maribel Alvarado García (BIJC)

Boletín FAHHO No. 28 (Ene-Feb 2019)



Los libros de historia de educación básica que distribuye la Secretaría de Educación Pública en México hacen una clara invitación al lector, a estudiar “la historia de nuestro país” para conocer la sociedad en la que vive y así conformar su “identidad como mexicano”. Y es verdad que hay una historia de México, la que cuenta la construcción de la nación actual y la que la nación promueve para explicarse, justificarse y para inspirar sentimientos nacionalistas. Pero no es la única historia: también los pueblos indígenas tienen sus historias y maneras de contarlas, y a menudo se trata de historias antihegemónicas, cuyos eventos cruciales, héroes, valorizaciones y esquemas causales no son los mismos que marca la historia patria. Y es justamente este tema el de interés para la etnohistoria, disciplina que convoca a especialistas en antropología, historia, estudios patrimoniales, arqueología, ecología, lingüística, entre otras disciplinas relacionadas con la historia de estos pueblos. Durante el siglo XX, tanto en Estados Unidos como en México y otros países del continente americano, se ha ido construyendo un campo de estudio que cubre a los pueblos indígenas desde el Ártico hasta la Patagonia. Sus trabajos no solo se quedan en los libros. En muchos casos tienen repercusiones en el ámbito social, como la defensa de territorios o el reconocimiento y resguardo de acervos locales.

Desde 1954, la Sociedad Americana para la Etnohistoria (ASE por sus siglas en inglés) convoca anualmente a sus miembros afiliados y a todos aquellos interesados en presentar trabajos que abonen al objetivo principal: crear una imagen más incluyente de las historias de los pueblos indígenas de América. Se ha convertido en la reunión más importante a nivel internacional para especialistas en este tema. Durante la segunda semana de octubre de este año, se llevó a cabo en la ciudad de Oaxaca su segunda vez en México. En esta ocasión los organizadores-anfitriones fueron la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y la Universidad de California en Los Ángeles.

En esta reunión se presentaron más de 300 investigadores de más de 170 instituciones (nacionales y de otros países, sobre todo de Estados Unidos), quienes expusieron y discutieron 264 estudios en seis sesiones simultáneas durante tres días. De estos trabajos, 147 estudios trataron sobre los pueblos indígenas que se encuentran en el territorio de México, y 35 versaron sobre los pueblos de Oaxaca. ¿Pero qué significan estos números? Es bien sabido que el trabajo de los historiadores consiste sobre todo, en elaborar un camino de interpretación entre los acervos documentales (los archivos) –muchas veces no accesibles sin estudios previos– y la sociedad en general. Es así que los números citados dan cuenta de la cantidad de estudiosos trabajando sobre uno de los temas centrales para la etnohistoria de las Américas: interpretar las consecuencias tan variadas de la conquista europea sobre los pueblos indígenas a lo largo del continente.

Además de las sesiones académicas, la noche del 12 de octubre, la ASE, junto con los anfitriones y asistentes, se dieron cita en el Teatro Macedonio Alcalá para reconocer y premiar, como cada año, la extraordinaria contribución que algunos investigadores han hecho a las historias de los pueblos de América. Esta vez fueron Rayna Green, Fred Hoxie, Susan Deeds y Frank Salomon quienes recibieron el reconocimiento y aplausos de sus colegas y público presente. Asimismo se otorgó una mención especial al reciente libro de Lisa Sousa. Estos nombres nos llevan a historias concretas; por ejemplo, el libro de Lisa Sousa, La mujer que se convirtió en un jaguar y otras narrativas de mujeres nativas en Archivos del México Colonial (The Woman Who Turned into a Jaguar, and Other Narratives of Native Women in Archives of Colonial Mexico) revela historias sobre las relaciones de género en los pueblos indígenas de la Nueva España (siglos XVI, XVII y XVIII). Sobre todo, muestra que las mujeres nativas eran actores dinámicos en la vida cotidiana de sus comunidades y en sus hogares. Para este estudio utilizó desde manuscritos pictográficos hasta fuentes alfabéticas en náhuatl, mixteco, zapoteco y mixe, así como en español.

Otra característica de esta reunión es que al paso de los años se han sumado al estudio etnohistórico miembros de los pueblos indígenas. Cabe destacar en esta reunión la participación de investigadores de pueblos zapotecos, mixes, mixtecos, cree y mashpee wampanoag, representando, sin duda, una perspectiva etnohistórica que se nutre en muchos casos con el activismo por los derechos de sus pueblos. Por mencionar un caso, la presentación en mixe del ponente Juan Carlos Reyes fue un buen ejercicio de derechos lingüísticos en el contexto de esta reunión. Sin embargo, hay que ser sinceros y reconocer que la etnohistoria misma sigue siendo un campo de estudio dominado por historiadores no-indígenas.

Oaxaca se ha convertido en una ciudad ideal para acoger reuniones académicas. Esto se debe en gran medida a la vitalidad de la diversidad cultural que caracteriza a los pueblos de Oaxaca. Pero para los estudios etnohistóricos es, además, un lugar clave por la riqueza y diversidad de las fuentes documentales: tradiciones escriturales que datan de hace más de 2000 años y que trascendieron al período virreinal, cuando se desarrollaron tradiciones alfabéticas en zapoteco, mixteco, náhuatl y chocholteco. Es por eso que esta reunión enfatizó el trabajo clave de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, al articular actividades de investigación con el propósito de promover las herencias culturales de Oaxaca y México, al hacer accesible recursos especializados principalmente sobre y en lenguas de los pueblos indígenas de Mesoamérica. Así que seguiremos insistiendo en que se acerquen a los distintos proyectos que tiene la Biblioteca para hablarles de las historias de los pueblos de Oaxaca.

Los seminarios de Filología mesoamericana

Los seminarios de Filología mesoamericana

Autor: Sebastián van Doesburg (UNAM/BIJC)

Boletín FAHHO No. 34 (Ene-Feb 2020)



partir de la segunda mitad del siglo XVI y hasta la Independencia de México, los escribanos de las comunidades de habla zapoteca y mixteca produjeron miles de documentos en su propia lengua, en donde registraron gastos y cuentas, inventarios, testamentos, misivas, averiguaciones, compraventas, elecciones y otros asuntos comunitarios. 

Esto fue un hecho llamativo: hoy en día, el universo de los documentos oficiales está dominado por el español, y la escritura en lenguas indígenas quedó relegada a la lectura opcional, como cuentos y poesía. Aunque esta división pueda parecer irrelevante, tiene importantes consecuencias, ya que individualiza la lectoescritura en lenguas indígenas y la mantiene fuera del contexto comunitario en que funcionó en aquellos años. 

La existencia de miles de textos en mixteco y zapoteco de la época colonial es un hecho conocido por pocos, y aún menos son quienes los utilizan como fuentes para estudiar la historia de las comunidades indígenas –a pesar de su obvia importancia para el tema– o como fuentes lingüísticas para conocer las etapas anteriores de las lenguas habladas hoy en día. Por supuesto, esta situación tiene que ver con varios factores, entre ellos, los prejuicios que rodean a estas lenguas, el olvido en que yacían los documentos hasta recientemente, pero también la ausencia de una capacitación para su lectura y comprensión. No sólo hay importantes diferencias entre la lengua y la ortografía antiguas y sus correspondencias contemporáneas, sino también entre el contexto social y político de aquellos años y el de hoy en día. 

Para salvar la ausencia en la formación de hablantes de las distintas variantes del mixteco y del zapoteco en la lectura de su respectiva documentación histórica, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova de la FAHHO y el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM crearon, al inicio de 2019, dos seminarios de Filología Mesoamericana, uno llamado Cultura y Lengua Mixteca y otro Cultura y Lengua Zapoteca, mismos que cumplieron sus 120 horas al terminar el primer ciclo en el mes de noviembre. En ambos seminarios participaron exclusivamente hablantes de las mencionadas lenguas, guiados por especialistas en el tema de la traducción de documentos coloniales. Se buscó, además, que los participantes tuvieran una edad relativamente joven, para asegurar la permanencia de lo aprendido, y estimular el ingreso de los participantes en carreras de especialización. El objetivo es ofrecer a los participantes las herramientas y un método para acercarse a los textos escritos en su propia lengua hace varios siglos, para poder analizarlos, comprenderlos y convertirlos en fuentes para la historia social, política y lingüística de sus comunidades. Sin duda, la experiencia ha sido enriquecedora para todos, por generar una profunda reflexión sobre la historia de estas dos lenguas. 

Por supuesto, ejercicios de este tipo estimulan además la reflexión acerca del actual papel de la escritura en las comunidades, los espacios sociales del uso de la lengua, los cambios, pérdidas e innovaciones en el lexicón, entendidos como expresiones de cambio cultural. Los seminarios constituyen un camino nuevo y experimental en que se intenta abrir un corpus de documentos históricos a los hablantes de las lenguas en que fueron escritos. Por más obvio que esto suena en lo general, no se había hecho hasta la fecha, y el uso de estos documentos se restringió a un muy pequeño número de especialistas no-indígenas y casi exclusivamente extranjeros. Ahora ha llegado el momento de pasar la estafeta y asegurar que los hablantes tengan acceso a estos documentos y los reconozcan como un patrimonio histórico y lingüístico de alto valor, y como una expresión de la tenaz lucha de las comunidades por encontrar un nicho de reproducción cultural propia, primero en los territorios colonizados y posteriormente en el Estado nacional. Los dos seminarios comenzarán con un nuevo ciclo en 2020, año en que también esperamos poder publicar los primeros resultados de textos traducidos y comentados.