Haciendo memoria, recuperando memoria

Haciendo memoria, recuperando memoria

Autor: Sebastián van Doesburg (UNAM/BIJC).

Boletín FAHHO Digital No. 3 (Ene-Feb 2021)



En su pintura Le Destin (El Destino) de 1896,1 Henry Siddons Mowbray (1858, Alejandría, Egipto – 1928, Washington, Connecticut) nos ofrece una alegoría bastante heterodoxa de nuestras vidas. En un lenguaje visual con referencias estilísticas al renacimiento italiano, a la pintura académica francesa de la época (estudió pintura en París durante varios años), y con un sabor al prerrafaelismo inglés, el pintor crea una misteriosa escena en colores opalescentes y antinaturales. El nombre de la obra vuelve claro que aquí debemos descifrar una metáfora, pero la fuente no es obvia.

A la derecha, una enigmática mujer alada con corona de estrellas,2 algo fantasmal tras un matiz azul, provee los hilos dorados con los que otras dos bordan un tapiz de estilo medieval de caballería. Intuimos la referencia al hilo de nuestra vida creado por las tres Moiras, diosas griegas que rigen el destino humano: hilan, miden e, inevitablemente, cortan dicho hilo. Las tijeras en la mano de la mujer a la izquierda quizá la identifican como la Moira Átropos, pero no queda claro quién, de las otras cuatro mujeres, representa a Cloto, la que hila (y la que inventó el alfabeto griego) y a Láquesis, la que mide el destino. No hay duda, sin embargo, de que el tapiz es donde el hilo del destino borda las escenas de nuestra vida. El pintor nos presenta una metáfora de nuestra vida con referencias incompletas de un mito donde predomina el enigma, por lo que la verdad velada solo podemos intuirla. En ella, el símbolo del tapiz nos explica que los trazos y patrones mayores de nuestra vida solo se manifiestan con el tiempo, al pasar los hilos pacientemente por la urdimbre de nuestras decisiones.

Recurro a esta metáfora para contar los años de trabajo en los diversos proyectos de la fundación de Alfredo Harp Helú y de María Isabel Grañén Porrúa. Después de casi veinte años puedo vislumbrar, ya a la distancia, los diseños que el hilo de mi vida en Oaxaca ha ido tejiendo. En este tiempo pude iniciar y acompañar un número de proyectos culturales muy variados que hoy forman parte de la estructura de la Fundación. Y en cada proyecto me supe acompañado de amigos y colegas que aportaron su visión, conocimiento y sensibilidad.

Desde mi niñez viví el intenso interés de mis padres por la conservación de la ciudad antigua donde nací. Los grandes proyectos de “modernización” de la década de 1970, que causaron enormes daños en la ciudad, y la férrea resistencia de buena parte de la población —entre ella mis padres—, despertaron en mi la consciencia de que la conservación de una ciudad histórica no es solo la protección de edificios, sino también la respetuosa gestión de espacios públicos y claras políticas de movilidad sustentable — sueños aún lejanos en Oaxaca—. Así que —para seguir con las metáforas textiles— uno de los hilos conductores3 de mi trabajo en la Fundación ha sido el de la restauración de edificios y espacios históricos.

En 2001 iniciamos, los arquitectos Enrique Lastra, Benjamín Ibarra Sevilla y yo, la restauración de la Casa de la Cacica de Teposcolula, una construcción ruinosa y abandonada en las orillas del pueblo, pero que constituye lo que aún queda de un extraordinario palacio de seis cuerpos, morada de los descendientes de 8-Venado Garra de Jaguar, y testimonio de la explosión creativa que se dio en medio del drama que fue la colonización de la Mixteca. Este singular palacio, construido por un arquitecto mixteco que estaba buscando un nuevo lenguaje visual que mediara entre los dos mundos, fue parte de la refundación de Teposcolula a partir de 1552. La sala del trono, aposento del discurso tradicional del poder, fue —por lo mismo— construido en el más estricto estilo prehispánico, mientras que en las habitaciones privadas se incluyeron elementos nuevos como una chimenea, ventanas con molduras renacentistas y puertas de medio punto. El trabajo de rescate y restauración, minuciosamente documentado, nos llevó a reconocer plenamente las obras originales de arquitectos mixtecos del siglo XVI por toda la Mixteca Alta y a cuestionar el concepto académico meramente pobre de “tequitqui”. Hoy, este palacio es una pequeña biblioteca infantil.

Casi al mismo tiempo trabajamos en la restauración de la Casa de Visita, en San Miguel Tequixtepec, construida después de 1563, en la que los arquitectos chocholtecos interpretaron el lenguaje arquitectónico de los dominicos de Coixtlahuaca en materiales, técnicas y gustos locales de una estética llamativa y única. Estas casas de visita, construidas por la población local, sirvieron para alojar a los frailes en sus visitas a las comunidades y, para muchos pueblos, eran expresiones de la feroz competencia con las construcciones que se estaban levantando en las cabeceras y, a la vez, signos de cierta independencia política.4

En 2003 la Fundación emprendió la restauración de una bella casona oaxaqueña incrustada en lo que eran los terrenos del Oratorio de San Felipe Neri: la Casa de la Ciudad, espacio donde se contempla el pasado y el futuro de la urbe, y donde la Fundación desarrolló su estilo particular de restauración arquitectónica y urbana.

Hoy, esta línea de restauración ha llegado a la madurez con el trabajo del Taller de Restauración, bajo el liderazgo de Gerardo Virgilio López Nogales. En 2004 inauguré allí la primera exposición con una serie de extraordinarias vistas de la ciudad de Oaxaca que datan de 1875, realizadas por el fotógrafo Teobert Maler, desconocidas hasta entonces por estar mal clasificadas en los archivos del Instituto Iberoamericano de Berlín. En este mismo año, la Casa de la Ciudad fue la sede del Seminario de la Ciudad Histórica Actual, donde hablaron y conversaron grandes arquitectos y urbanistas como Jaime Lerner (Brasil), Joseph Acebillo (España), Mario Canti (Italia), Juan Miguel Hernández León (España), Paolo Ormindo de Azevedo (Brasil), Huig de Neef (Bélgica), Michael Meschik (Austria), Eusebio Leal† (Cuba), Rogelio Salmona† (Colombia), Teodoro González de León† (México) y otros destacados especialistas mexicanos. Tuve el privilegio de dirigir la Casa de la Ciudad hasta el año de 2010.

Desde este espacio se trabajó, de nuevo junto con el arquitecto Enrique Lastra, el rediseño de la Plazuela de la Cruz de Piedra, donde la antigua ciudad de Oaxaca colindaba con el pueblo de Xochimilco del Marquesado, un remanso de paz desde que, en 2009, se cerró al paso de los coches. Hoy en día, el encanto de este rincón de Oaxaca es obvio. Su ejecución por parte del municipio permitió que, en 2015, se conectara esta parte con el Zócalo mediante el proyecto municipal de rediseño de la calle de García Vigil y la parte norte de Macedonio Alcalá.

En 2005 inicié, con el arquitecto Gerardo Virgilio López Nogales, el proyecto de recuperación de San Pablo, el primer convento de Oaxaca, y, a la vez, con el arquitecto Juan José Santibáñez, la restauración/ reconstrucción de la Casa Antelo, un edificio de dos pisos que un rico comerciante había construido en la huerta del convento. En este segundo edificio se inauguró, en 2008, el Museo Textil de Oaxaca, uno de los proyectos favoritos de María Isabel Grañén Porrúa. Por otro lado, redescubir los innumerables secretos y detalles del antiguo monasterio completamente olvidado y absorbido por construcciones posteriores fue una aventura y un desafío sin igual; el diálogo con las propuestas arquitectónicas de Mauricio Rocha Iturbide —quien se incorporó en la segunda fase de la obra— fue una experiencia contemplativa de la cual aprendí mucho. En el proceso se recuperaron —tras los estudios arqueológicos e históricos— casi tres mil años de historia de Oaxaca, cambiando definitivamente nuestro conocimiento del pasado.5 En 2011, la Fundación inauguró aquí sus nuevas oficinas. A mi parecer, esto no fue solamente la restauración de un edificio, sino la creación de un espacio peatonal a cielo abierto al interior de la manzana que sirve como un oasis en el bullicio de la ciudad. De hecho, intuitivamente, diría que el punto central del proyecto no está dentro de los edificios, sino en la pequeña plaza triangular frente a ellos.

En estos años coordiné, con la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH y otros restauradores, la restauración de retablos en Tejupan, San Bartolo Yautepec (todo un desafío, ya que habían sido sobrepintados con pintura oro de Comex), San Juan Bautista Coixtlahuaca (con el World Monuments Fund y el INAH), Suchixtlahuaca, Teotitlán del Valle, Santa María Cuquila, Teotongo, Tataltepec y varias otras comunidades. Fue esta convergencia la que hizo posible adoptar un retablo desechado en la sierra norte para la Capilla del Rosario de San Pablo, donde de nuevo luce.

Sin embargo, estos proyectos no fueron lo que inicialmente me trajo a Oaxaca. Un día, hace muchos años, un egiptólogo, esposo de la maestra de griego y latín de lo que sería el equivalente a la secundaria que cursaba, nos hizo el favor de dar una clase sobre la escritura egipcia. Así que desde que tenía 14 años supe que el estudio de otras escrituras complejas y la filología eran los temas que me interesaban. Llegué a Oaxaca, ya hace más de treinta años, para estudiar su increíble patrimonio documental. Fue por este tema que coincidí con María Isabel Grañén Porrúa, en la Biblioteca Francisco de Burgoa. Habiendo sido formado en las intersecciones de la historia y de la filología, los documentos pictográficos y los documentos escritos del siglo XVI fueron mi entrada a Oaxaca.

Este otro hilo conductor en mi vida profesional lo comparto también con queridos colegas en Oaxaca y México. Y aunque buena parte del trabajo académico en este tema lo he desarrollado en la UNAM, la Fundación ha sido un espacio importante desde el cual he emprendido acciones reales por la conservación de este patrimonio —constantemente amenazado por robo y descuido—, más allá de su uso para la investigación. Se logró parar la venta de documentos robados (por ejemplo, los dos lienzos de Santa Cruz Papalutla); se recuperaron documentos vendidos indebidamente al extranjero (por ejemplo, la Doctrina Christiana en Lengua Chinanteca de Santiago Xoxocotepec, de 1755, ahora en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia); se regresaron otros a Oaxaca para ponerlos a la disposición de los investigadores y de las comunidades de origen (por ejemplo, las tres hojas del Códice Yanhuitlán, el Lienzo de Ayautla —con el entonces Secretario de Cultura Rafael Tovar y Teresa— y el Fragmento Dorenberg); se ayudó a varias comunidades a conservar sus documentos de manera más profesional y segura (por ejemplo, los lienzos de Nativitas y Tulancingo) y se denunció en varios momentos la venta en casas de subasta de documentos robados. Durante años, trabajé todos los sábados en la limpieza del archivo municipal de Teposcolula, como parte del proyecto de rescate de archivos municipales de la Fundación y de ADABI de México.

Como consecuencia de esta línea, en 2012 abrió sus puertas un nuevo proyecto en las recién terminadas instalaciones del Centro Cultural San Pablo: la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC), la cual codirijo al lado del filólogo y lingüista Michael Swanton y en estrecha coordinación con María Isabel Grañén Porrúa. La biblioteca articula servicios y acervos académicos con proyectos culturales, sobre todo los que tienen como propósito promover las herencias culturales de Oaxaca y México. Además de ofrecer servicios bibliotecarios, sus actividades abarcan eventos, exposiciones, cursos, investigación académica y protección del patrimonio cultural. Las exposiciones colaborativas con Santa María Zacatepec sobre la interpretación de sus lienzos (2012), o con Chicahuaxtla, relacionada con la memoria del héroe-bandido Hilarión (2014) fueron experiencias que marcaron el camino para un programa de intercambio de exposiciones con comunidades por todo el estado. Desde sus inicios, la BIJC ha buscado ser una biblioteca del siglo XXI, con personal tanto de formación profesional en bibliotecología, como con arraigo en la realidad lingüísticamente diversa de Oaxaca. Consecuentemente, la BIJC ha intentado indicar el camino hacia la época digital para la Fundación.

Entre los acervos de esta biblioteca destacan colecciones familiares para el estudio de la historia de la ciudad de Oaxaca o de los cacicazgos indígenas de la época virreinal.6 Además, la BIJC incorporó los legados de varios investigadores sobre temas de la historia cultural y lingüística de Oaxaca, algunas por compra y otras por donación.7 Finalmente, incluye una de las colecciones más extensas a nivel nacional de impresos y manuscritos en lenguas indígenas de México, cuyas fechas van de 1555 hasta la actualidad.

En relación con este último tema, uno de los proyectos principales y favoritos de la BIJC ha sido la creación del repositorio digital interinstitucional dedicado a la documentación virreinal escrita en lenguas indígenas de México (satnu.mx). Las exitosas tradiciones de escritura en varias lenguas durante la época colonial son un hecho poco conocido. El sitio fue creado con el objetivo de difundir su existencia y estimular su estudio. Allí se pueden encontrar cientos de textos virreinales escritos en mixteco, zapoteco, chocholteco, chontal y náhuatl de Oaxaca, purhépecha y náhuatl de Michoacán, otomí y matlatzinca. En 2019 se formalizaron con la UNAM dos seminarios con grupos de hablantes de mixteco y zapoteco para trabajar en la lectura, comprensión y traducción de los antiguos textos.

A lo largo de los años, miles de personas han encontrado en estos espacios y sus proyectos la información, el respaldo o la inspiración para hacer a su vez numerosos proyectos, desde la profesionalización individual hasta el impulso de proyectos comunitarios.

Y al ver ahora a la distancia las figuras que fui tejiendo, entiendo que todo esto tiene que ver con mi propia manera de descubrir lo único que es Oaxaca. Su increíble diversidad biológica y cultural, su singular historia de fuertes culturas y comunidades indígenas con profundas raíces bien ancladas en una manera extraordinaria de entender el mundo, regadas en las sierras alrededor de una ciudad española hegemónica, que convive con ellas pero nunca las quiso. He tenido singulares experiencias para conocer la cultura mesoamericana en sus expresiones vivas y confieso que no siempre fui plenamente consciente del privilegio que se me brindaba. Después entendí que “cultura” no es más que una forma socializada, funcional e histórica de tejer los hilos de la vida, de crear sentido y dar significado a la existencia humana. Entendí que la mesoamericana es una de aquellas grandes culturas —o significadores— del mundo, pero —por la situación colonial— también una de las menos entendidas, por lo que su relación con el mundo no-indígena ha sido enormemente compleja a lo largo de cinco siglos, dejando en el camino, quizás por esto, miles de textos y documentos que sutilmente enlazan las palabras de hoy con el mundo del pasado y revelan la larga trayectoria de conocimientos, técnicas y formas de vivir. Creo que siempre fue este viaje de descubrimiento personal el que quise compartir y explicar a través de los proyectos iniciados en la Fundación.

En la pintura de Henry Siddons Mowbray el tiempo fluye de derecha, donde surge la fuerza cósmica y los hilos de la vida, a izquierda, donde la Moira Átropos gira su mirada hacia una bola de cristal mientras mantiene su mano con tijeras en el tapiz. Ya está la figura del tapiz bordada, pero solo ella puede saber cómo y hasta dónde se puede seguir metiendo la trama entre los hilos de la urdimbre.

Traslado de cartillas y materiales de alfabetización en lenguas indígenas

Traslado de cartillas y materiales de alfabetización en lenguas indígenas

Sebastián van Doesburg (UNAM/BIJC)

Boletín FAHHO Digital No. 1 (Sep-Oct 2020)



En el Boletín número 24, correspondiente a mayo-junio de 2018, se escribió sobre la producción de cartillas y otros materiales para la alfabetización en lenguas indígenas, durante buena parte del siglo XX, por parte del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), institución religiosa fundada en 1936 y dedicada a la lectoescritura en lenguas indígenas, con el objetivo de divulgar las sagradas escrituras en todos los pueblos del mundo. De 1951 a 1979, esta producción se dio en el marco de una colaboración formal con el gobierno de México, el cual estaba interesado, por otras razones, en la pronta alfabetización de la población indígena de México. A lo largo de su existencia, los lingüistas del ILV produjeron una asombrosa cantidad de pequeños libros donde tocaron todo tipo de temas, desde vocabularios básicos ilustrados hasta explicaciones de microbios y los viajes a la luna, en casi todas las lenguas nacionales de México.

La Biblioteca Juan de Córdova tiene una importante colección, que consta de 1300 cartillas de alfabetización del ILV, de las cuales, unas 570 son del periodo de la colaboración formal con la SEP. Muchas de estas cartillas son peculiares o extremadamente raras, porque fueron impresas en tirajes pequeños y distribuidas en las comunidades, donde perecieron con el tiempo. Independientemente de las cuestionadas metas del ILV, o de la efectividad de su método, el conjunto de sus publicaciones representa el proyecto más ambicioso que se haya concebido para introducir la escritura en las lenguas locales en las comunidades. Creemos que, hoy en día, poseer esta colección en Oaxaca, el estado con mayor diversidad lingüística y mayor población hablante de todo el país, tiene mucho sentido. Una buena parte de los usuarios de la Biblioteca son hablantes de alguna de las lenguas de Oaxaca.

Cuando, en 2011, la Fundación Alfredo Harp Helú compró la casa y la biblioteca del abogado, literato y filatelista José Lorenzo Cossío y Cosío (1902-1975), ubicada en Coyoacán, Ciudad de México, se encontró, entre las colecciones, con un importante número de cartillas y materiales para la alfabetización. En total, se identificaron 541 publicaciones que complementan la colección en Oaxaca. Lo interesante es que las piezas provenientes de México son, sobre todo, de las primeras décadas del trabajo del ILV, o sea, entre 1940 y 1950, completando el material más tardío en Oaxaca. Hasta la fecha no queda claro cómo y por qué José Lorenzo Cossío y Cosío coleccionó estos pequeños y frágiles cuadernillos con tanto cuidado.

Cuando en el mismo año de 2011 se abrió la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, en el exconvento de San Pablo, surgió la propuesta de incorporar la colección de cartillas recién encontradas al acervo en Oaxaca y conformar la colección más completa de cartillas y materiales para la alfabetización en México. Para nuestra biblioteca, esta compilación es la contraparte de una riquísima colección de 133 impresos y manuscritos en lenguas indígenas de México, que datan de la época virreinal y el siglo XIX. Juntas, conforman un reflejo y una memoria del papel de la escritura en lenguas indígenas en las complejas relaciones entre los pueblos indígenas y el Estado novohispano, decimonónico y posrevolucionario.

Sin embargo, en los años siguientes, ambas bibliotecas atendieron sus propias dinámicas y no fue sino hasta este 2020 que se decidió hacer el traslado de las piezas de la Ciudad de México a Oaxaca. En febrero, se trasladaron a Oaxaca los primeros 100 ejemplares y, a finales de junio, se trasladaron los 441 faltantes. Aunque las puertas de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova están cerradas mientras dura la pandemia, se ha iniciado el trabajo de integrar las fichas del inventario al catálogo de la Biblioteca, con miras a futuros eventos y acciones que difundan esta excepcional colección entre el público. Desde la Biblioteca agradecemos a las personas de ADABI de México que hicieron posible esta expansión de la Colección de Cartillas y Materiales de Alfabetización en Lenguas Indígenas en Oaxaca.

La FAHHO y su trabajo con las lenguas indígenas en el #IYIL2019

La FAHHO y su trabajo con las lenguas indígenas en el #IYIL2019

Autor: Rasheny Lazcano (BIJC)

Boletín FAHHO No. 34 (Ene-Feb 2020)



En el año 2016, y por sugerencia de Bolivia, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución en la que se proclamó el año 2019 como Año Internacional de las Lenguas Indígenas (IYIL, por sus siglas en inglés). Tal declaratoria era relevante para Oaxaca, el estado con mayor diversidad lingüística de México, en el que conviven quince pueblos o naciones indígenas con sus respectivas lenguas y variantes de ellas. Pero más que celebración, es una llamada de atención, ya que, para todas las lenguas de Oaxaca, el número de hablantes está descendiendo, sobre todo entre la población joven. 

Por su frecuente interacción –a través de sus proyectos culturales– con comunidades donde se habla alguna lengua indígena, varias instituciones de la FAHHO tratan de incorporar la presencia de hablantes de estas lenguas en los proyectos, no sólo durante 2019, sino como una política permanente. Esto no es sólo un reconocimiento de esta diversidad “hacia afuera”: como todas las instituciones de Oaxaca, la FAHHO tiene entre su equipo un buen número de personas que hablan una lengua indígena al lado del español. 

Sirva este pequeño texto para dejar testimonio de los proyectos que durante 2019 involucraron un acercamiento y apoyo a alguna lengua indígena. 

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Andares del Arte Popular es un proyecto de impulso y fomento artesanal a través de la comercialización. En 2019, se generó un proyecto llamado Diversificación de productos y generación de cuentos a partir de la narración oral, en el cual tuvo presencia la lengua zapoteca de San Lucas Quiaviní. Por otro lado, la Coordinación de Arte Popular y Proyectos Productivos impulsó dos proyectos que involucraron gestiones desde encontrar intérpretes que les permitieran colaborar con artesanos monolingües en mixteco y zapoteco, y que implicaron redactar convenios y documentos administrativos en este par de lenguas de la familia otomangue. El primero fue llamado Apoyo a la creación de textiles artesanales del estado de Oaxaca, distrito de Jamiltepec (en colaboración con el FONCA), e involucró artesanos mixtecos de los municipios de Santiago Ixtayutla, San Juan Colorado, Santa María Huazolotitlán y Pinotepa de Don Luis. El otro fue el proyecto Instalación de hornos de leña libres de humo, en colaboración con la Escuela Nacional de Cerámica, en el cual se incluyó el zapoteco de San Marcos Tlapazola. 

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El año pasado, numerosos incendios arrasaron con los bosques y dañaron ecosistemas del territorio oaxaqueño. Por esto, la Coordinación de Medio Ambiente realizó un proyecto nombrado Campaña de prevención de incendios forestales 2019, que se tradujo a siete lenguas oaxaqueñas: chatino de San Juan Quiahije, mazateco de Zoquiapam, mixe de Ayutla, mixteco de Peñoles, triqui de Chicahuaxtla, zapoteco del Istmo y por último zoque de Chimalapas, lengua prima del mixe. 

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El Museo Textil de Oaxaca se ha dedicado a rescatar los saberes tradicionales de producción textil, así como las herramientas indispensables de este quehacer. Durante 2019, el MTO montó tres exposiciones en las que su museografía incluyó textos en la lengua de los artesanos. Primero, la exposición Dixrikoö ndie ndachoo ndie dsua xäde Ngigua – NgibaRecuerdos del telar de los pueblos chocholtecos. Luego, la exposición Ladx duu Pueblo de hilo, en la cual se llevaron a cabo tres rondas de Lotería en lenguas originarias que estuvieron a cargo de artistas textileros provenientes de las comunidades de El Tapanco, Santa María Zacatepec, Santa María Tlahuitoltepec y San Pedro Cajonos en donde se habla tacuate, ayuujk y zapoteco respectivamente. Y por último, la exposición Tukyo’mët Nëxëy – La Camisa de Ayutla. Apuntes sobre vestimenta, identidad y bordados masculinos, la cual tuvo una rica oferta de textos en ayuujk con su respectiva traducción al español. 

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El Taller de Restauración, mediante el Programa de apoyo a la reconstrucción, ha estado ocupado desde septiembre de 2017 en varias regiones de Oaxaca con proyectos de reconstrucción. En la comunidad de Asunción Ixtaltepec, donde se reconstruyó una casa que conservaba el patrón arquitectónico de la casa zapoteca, es decir la Yoo Bido o cubierta de tejavana y muros de ladrillo de barro rojo, se respetó el deseo de los dueños de comunicarse en zapoteco, por lo que se trabajó con un intérprete. 

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En la BS Casa de la Cacica, de San Pedro y San Pablo Teposcolula, se desarrolló Cartas en mixteco para monstruos, proyecto de varios movimientos con niños adquiriendo el mixteco de Teposcolula, que dio como resultado un libro. ¡Los invitamos a saber más de este proyecto dentro de este boletín! 

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Para la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, el proyecto punta de lanza de 2019 fue Filología de Lenguas Otomangues y Vecinas (FILOV), el cual se dedica a la identificación, digitalización y catalogación de documentos escritos en lenguas mesoamericanas, desde el siglo XVI hasta inicios del XIX. Tres archivos institucionales participan: el Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Oaxaca (AHPJEO), con documentos en las lenguas chocholteco, mixteco, nahuatl y zapoteco; el Archivo General de la Nación (AGN), el cual conserva documentos en chontal, matlatzinca, mixteco, nahuatl, otomí, purhépecha y zapoteco; el Archivo General de Estado de Oaxaca (AGEO), en donde se han registrado documentos en nahuatl, mixteco y zapoteco. Acompañan a este proyecto dos seminarios de Filología Mesoamericana organizados con el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Uno llamado Cultura y Lengua Mixteca, con trece asistentes, y otro Cultura y Lengua Zapoteca, con diecisiete participantes. En estos seminarios, hablantes de diferentes comunidades analizan textos coloniales escritos en su lengua. En el ramo de las publicaciones se han traducido, editado, impreso y distribuido dos cuentos de terror japonés, Hoichi el desorejado Mujer de nieve en diversas variantes de las lenguas mixe, zapoteco y ombeayuits; y un cuento de tradición oral tacuate: Kuayu Chi´in Tiote´e´. Estos textos están disponibles impresos y en línea. También se publicó una pequeña historieta que atiende el fenómeno de las caravanas migrantes, Tiempo de ayudar, traducido a nueve lenguas del estado. 

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Para finalizar la lista está el proyecto Endless Oaxaca Multilingüe, que lleva computadoras con contenido pertinente y un sistema operativo abierto y no dependiente del internet a las comunidades de San Andrés Chicahuaxtla, Santa María Ixcatlán, San Juan Quiahije, Santa María Tlahuitoltepec, en donde se habla triqui, ixcateco, chatino y ayuujk respectivamente. 

Así terminamos este recuento de la presencia de las lenguas indígenas en la FAHHO durante el #IYIL2019. Desde la BIJC te invitamos a visitar la página oficial del IYIL, en donde encontrarás muchos materiales informativos y pedagógicos, desde manuales para políticas públicas hasta juegos de lotería. Recuerda que donde quiera que estés, si escuchas a alguien hablar algo que no entiendas y no sabes cómo referirte, te recordamos: todas se llaman lenguas.